La Coctelera

Categoría: Familia Buri

Ha llegado

Ya está aqui.

Con su maleta para tres semanas.

Sus cuentos y sus bolsitas plásticas llenas de cositas minúsculas.

Su abrazo tierno, sus ojitos dulces

Sus canas recien alisadas y a medio disimular.

Sus eternas preocupaciones

Con su amor interminable.

A pesar de los requisitos por lo que no paré de quejarme...

Mi madre llegó bella y dulce.

Y aqui ando... hablando con ella sin parar desde hace dos días.

El fin de semana descansamos mucho.

Ahora a meternos de lleno en el tema navideño: hallacas, regalos, fiestas y cualquier tipo de excusa para compartir.
Un beso a todos estos días

Despedida Metafísica

Mi hermano, viendo TV, me dice sin mirarme:
- Quería hacerte una despedida esta noche, pero te fuiste al cumpleaños de Carmen.
- ¿Una despedida? (la segunda que me ofrecen hoy, la primera fue en la oficina)
- Si...
Abro los ojos interrogantes
- Es que hoy es la última vez que vas a estar sola aqui y quería hacerte una despedida metafísica.

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Mi hermano filósofo y escritor es mi favorito.

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Estoy realmente feliz...

Sabiduría de pareja


"Lo que pasa, es que tu tía y yo hemos llegado a una etapa, en la que da igual que el Real Madrid gane o pierda..."

Canina y dulce la vejez de Tom

Llegó a casa hace 13 años, cuando lo habíamos perdido casi todo.

Tom, mi perro, llegó a instalarse en la casa y a formar parte de una cotidianidad en la que teníamos que reinventarnos muchas cosas.
Sin abuela, sin papá y casi sin apartamento nos encontramos los tres iniciando una nueva etapa, una madre con dos hijos adolescentes.
Tom se convirtió en pocas horas en el aceite de nuestras relaciones familiares, nuestra pantalla para proyectarnos, nuestro tema de conversación interminable, nuestro hobby favorito y nuestro compañero ideal.
Era una época de mucha energía y pocos recursos. De mucho trabajo y poco dinero. De mucho afecto, muchos miedos, muchos amigos, muchas oportunidades, muchos retos, muchos logros... Tom ha sido testigo de todo eso.
Tom ha ladrado incansable a todos los amigos que tocaban el timbre de la casa o la corneta de sus carros.
Tom ha intentado escaparse infinidad de veces, haciendo uso de una velocidad increíble, al ver una rendija de la puerta abierta.
Tom nos hace preguntas ladeando su cabeza, protesta cuando no le agrada algo, e incluso da órdenes para ser complacido en sus caprichos.
Estos días han sido difíciles para él, se ha envejecido, se le ve menos enérgico, ya no puede subirse al sofá a ver TV.
A veces nos mira un poco extrañado, como quién no se explica qué le está pasando. Otras se mantiene reservado, silencioso y muy atento de no moverse para no provocarse dolor en su ancianita columna.
Tiene una vejez dulce, acompañado, y viviendo el deterioro progresivo de un cuerpito que ha sido feliz, activo y peludo y que se va haciendo cada día más frágil. No sufre, nos acompaña mientras nosotros sufrimos anticipando su partida, mientras lo vemos cambiar, mientras nos hacemos la idea de que sí tiene edad.
Y yo lloro, como se llora a los seres que se aman y se tienen que ir.

Yo tenía dos abuelas: una blanca y otra negra.

Yo tenía dos abuelas
Una blanca y otra negra
Una de rizo y otra de lacio
Una de oriente y otra de occidente
Una Nana y otra Rosa
Una de risa otra de rezo
Una de azul y otra de gris
Flores del mismo año, 1905

Una de cabellos rizados, largos, que siempre cuidaba para mantenerlos a raya, peleando con ellos con dos peinetas negras a juego con sus canas.
La otra de cabellos muy lisos, grises y cortos, Dóciles para peinar, incluso a primera hora de la mañana.
Una nariz de poporro coronaba el rostro moreno de mi Nana, sus dientes, bordeados por una fina línea de oro salían con frecuencia a ver el mundo por que era de risa fácil y humor negro, la herencia más preciada que guardo de ella.
La piel blanquísima de mi otra abuela era cruzada por finísimas rayas rojas que mostraban en un mapa la ruta que seguía la sangre de su cuerpo. Dormía y roncaba en su cama mientras sus dientes se reían de noche desde la mesita en la que diariamente prendía velas a todos los santos. Al repartir sus posesiones a escondidas, como le gustaba hacer las cosas en su vejez, me entregó una medalla que en el momento creí olímpica por el tamaño de la rueda de oro que tenía en la mano, pero que luego descubrí que era de bautizmo, con su nombre grabado en el reverso.
Fui la nieta mimada de las dos, la más pequeña después de una larga camada de nietos ya grandes para entonces. Las agarré cuando recien estrenaban su título de octogenarias.
Tenían la extraña costumbre de llamarse todos los días, a esa hora mañanera en las que las casa huelen al almuerzo que está en el fogón pero cuando aún la gente no ha llegado. La hora de las amas de casa, del jabón para lavar y las cebollas picadas.
No fui una niña de guarderías, mis tardes eran fantásticas, por que siempre estaba con alguna de las dos. Jugaba cartas, veía hacer suspiros y merengues a una, pelar mangos a la otra, leer el periódico en compañía, contarnos todo, y comer arepas con queso y sin mantequilla para la cena.
Hoy he recordado su olor. Crema de Almendras para la piel. Jean Naté para después del baño.

Hoy la vi

Y pude fotografiarla, aunque sea fugazmente. Siempre ha sido vieja, siempre come restos que le reglan o que encuentra urgando entre la basura. A veces arrastra una pequeña gavera atada a un mecate. Y siempre, siempre, usa este pañuelo que no se qué oculta... cuando era niña imaginaba una terrible enfermedad, ahora de adulta supongo que no debe ser nada mortal por que sigue vivita y coleando.
Hace casi treinta años que la veo y nunca he mirado sus ojos, que parecen esconderse entre un cabello negrísimo, el pañuelo y las arrugas.No se cómo es su voz, y estoy segura que nunca fue joven. Nació asi: con su estatura de 1,40, su ropa de los años 70 y su caminar rápido mirando al suelo.

Es un personaje de mi vecindario, sin nombre ni historia.

Mamá- blog

(Escrito con motivo del día de la madre y publicado con retraso)

Hay un montón de gente que nos adopta, que adoptamos, que nos encontramos y otras que nos endosan como madres. El dia de la madre todas son madres: las abuelas, las tías, las amigas, la maestra, la secretaria, y toda la que ha tenido la dicha de tener un hijo. Con todas hay que tener un detalle.
El día de la madre los comerciantes sueñan con que veas en cada una de tus vecinas una madre.
Y claro, hay que dedicarle a la madre en su día un momento para compartir.
En Venezuela hoy se celebra el día en el cual los restaurantes se llenan, los anaqueles de las tiendas se vacían, los viveros venden todas las flores, en los cementerios hay mas vivos que muertos, a las licorerías se les acaba el vino y en las casas los señores quieren salir corriendo.
Por que eso si que tenemos nosotros: el día de la madre se respeta. Nada de pasar ese día lejos de la madre y mucho menos que cocine. Es preferible dejar la cocina revuelta para hacerle una pasta que permitirle a ella hacerlo, por que hoy es su día. Y hay que hacer algo especial. Eso de que el día de la madre es todos los días es falso, todos los días es el día de los hijos, por que si algo hacemos los hijos sistemática e irrevocablemente es echar vaina.
Tengo la fortuna de conocer de cerca a la madre de muchos amigos, y de tener a muchas madres a quien llamar. (ahora que releo este post me doy cuenta de que no llamé a ninguna, pero la intención cuenta al menos un poco)
Me provoca llamar a Esperanza, la mamá de Pepe, para que con su acento a Colombia me llene el día de alegría y picardía. O a Maria Belén, la mamá de Claudia, para ir al cine o conversar sobre lo divino y lo profano. Podría decirle a Elsy, la mamá de Beto, que la verdad es que me gustaría invitarla a comer, pero que prefiero que ella haga una empanada gallega. También llamaría a Tibisay la mamá de Carmenex o a Sonia, su abuela para reirme hasta el cansancio en la cocina. Tomaría un avión para reirme días enteros con Antonia, la mamá de mi catire, viendo el mar y escuchando sus ocurrencias y su acento de andaluza. A mi tía Adelaida la recibiré en casa, para que no cocine y sea atendida y a mi tía Anita la llamaré en nuestro tono de cómplices.
Y en el pedacito de mi interior en el cual tengo espacio para un pequeño cemententerio, lleno de paz y eternidad, habrá flores para mi abuela Nana, cuya presencia está en toda la casa y todos los días.
A todas vaya un beso de día de la madre. Para excusarme ante la ausencia de regalo me atengo a la máxima que reza: Madre hay una sola. Corolario 1: regalo del día de la madre hay uno. Corolario 2: dicho regalo le toca a mi mamá.
A mi mamá, que mis amigos la llaman cariñosamente Mamá-Rosario, que protege cada espacio de nuestra familia con dedicación, que no hace nada sin esmerarse y que es una escuela de paciencia, fe y coherencia. Asi la descubro los domingos, cuando la miro de repente mientras leemos la prensa

Esa mamá que combina su ternura de niña con un fino humor negro que solo deja salir en momentos de estricta confianza. Que nunca deja duda de cómo ve el mundo, desde sus ojos tradicionales, respetando al otro que puede tener una postura distinta.
Al darse cuenta de la mirada de la cámara, de inmediato se toca el cabello, y llama a su inseparable Tom, para que la cámara tome su mejor ángulo.