La Coctelera

Categoría: Rosario de viaje

Iberia inaugura su primera línea de autobuses

Si, tal y como lo leen, Iberia se dio cuenta de que no podía con el negocio aéreo y decidió cambiar de ramo incursionando en el transporte terrestre.
Fui usuaria de una de sus primeros trayectos: Aereopuerto de Barajas - Aereopuerto de Jerez de la Frontera, junto a los pasajeros de otros dos vuelos que fueron suspendidos sin explicación alguna el día 30 de julio. Cinco autobuses en total.
Tras superar la trocha que nos lleva los caraqueños hasta nuestro aéreopuerto más cercano (después de la caída del viaducto el trayecto de 40 minutos suele tardar en promedio dos horas), crucé el Atlántico haciendo una escalita de una hora en Santiago de Compostela y finalmente llegué a Madrid con 11 horas de vuelo y una pésima cena de Air Europa, cuyo servicio de catering es el peor que he probado, con asientos duros y azafatas parcas, pero puntuales.
Me encuentro en el terminal 4, el moderno, el primermundista terminal 4 y tengo a mi disposición unas maquinitas parecidas a los cajeros automáticos que chequean a los pasajers y hasta dan el boarding pass. Si! había llegado el Eurpoa! No tenía que hacer largas colas, todo estaba lustroso, la tecnología estaba haciendo sus funciones... Yo me montaría en pocas horas en un avión de Iberia para llegar en 50 minutos al aereopuerto de Jerez donde ya me estaban esperando.
Almorcé... tomé café y llegué justo a tiempo a la pantalla donde decían que el vuelo estaba retrasado. Pero qué puede importar un poco de retraso en un lugar tan bonito, estando tan contenta, no entiendo por qué la gente le grita a esa señorita vestida de rojo... una vueltica por las tienditas... ya mi equipaje está en el avión...
Una hora: tomo café, mirando la patalla que hasta bonita es, llamo "amorcito, llego un poco más tarde, te aviso cuando me monte para que salgas a buscarme"
Dos horas: me duermo en una silla.
Tres horas: empizo a ver la puta pantalla. "coño, esta gente no termina de salir, no salgas todavía"
Cuatro horas: la pantalla dice que tengo que ir de la puerta J a la M. Como estoy en el terminal 4, el moderno, el primermundista terminal 4, tengo que tomar una vagón de metro para llegar a la condenada puerta M. Pero qué importa! asi tengo la experiencia del vagón, en Caracas no hay de esos... Esto si que es una aereopuerto!
Cinco horas: empiezan a cerrar el diutifrí, empiezan a llorar los niños, los viejos ya se amargaron. Decido tirarme al suelo y ya tengo amigos en la puerta M. Michel está harto de esperar y ya salió para Jerez.
Seis horas: somos aproximadamente 200 idiotas tirados en el suelo esperando a ser rescatados. No hay un alma que nos informe. un adolescente se apropia de una especie de micrófono y pide ayuda. Todos aplaudimos.
Siete horas: Michel me llama para informarme que en Jerez hace rato se sabe que el vuelo ha sido suspendido, no retrasado, s-u-s-p-e-n-d-i-d-o.
Tomamos el vagón del moderno terminal 4, del primermundista terminal 4.
Llegamos a un mostrador donde un hombre (que le deben pagar millones de euros para permitir que le coloquen esa chaqueta verde perico como uniforme), nos da un papel que nos informa sobre los derechos del pasajero. Son bellos esos derechos y él es tan amable. No se imaginan: hasta nos pueden indemnizar y todo, tenemos derecho a todo incluso él tiene derechos! Es un papelito poético, pero no sirve para nada en ese momento.
Llegamos y allí estaba ella. Los 200 caníbales la sacrificaríamos y la ofreceríamos a los Dioses antes de comernosla en salsa. La encargada de Iberia temblorosa, rodeada de una banda de españoles enradecidos y esta venezolana, nos explicaba que el vuelo había sido suspendido y que no nos habían podido avisar. Perdonen. Alli se nos aclaró el panorama: el vuelo había sido suspendido y no nos habían podido avisar, es que no nos habíamos dado cuenta!
Justo antes de que un viejo de lentes, con los brazos peludos y dispuesto a matarla se le fuera encima llegó una especie de soldadito de rojo. Calvo y a punto de mearse de miedo nos explicó que no podríamos salir en avión. Que nos habían habilitado cinco autobuses.
Allí solté la risa, no podía creermelo... mis mejores amiguitos de la cola y yo nos reíamos, pues estabamos imagnandonos en un hotel, pagado por Iberia y con al menos 200 euros por semejante falta de respeto. Ya me había gastado en mi mente eos 200 euros en souveniers.
Pero Iberia había inaugurado su línea de auobuses y quería estrenarla con nosotros.
Luego sólo escuché gritos, hubo una cagalera en la puta madre de el calvo que duró como 20 minutos, hasta que agotados pasamos 9 horas de autobús. Los viejos rumiaban la rabia, los niños lloriqueaban, hasta que amaneciendo un niño de unos siete años empezó a toser y dijo entre lágrimas contenidas a su madre: estúpida.
Si, bien estúpida de haber pagado 90 euros por un pasaje de autobús. Bien estúpidos todos...

Cambiarse de asiento: del 26 al 33 F

Viene con su sonrisa plástica y atenta, envuelta en su uniforme de verano, a preguntarme si no me importa volar en otro asiento, en la misma fila.
- Es que ellos han quedado separados y quieren viajar juntos.
La verdad es que sólo me preocupa que mi compañero de asiento, con quien compartiré 8 horas desde Santiago de Compostela, no sea un viejo gruñón, una señora rezando para que el avión no se caiga, un campeón de sumo o cualquier clase de compañero de vuelo indeseable.
Camino hacia el 33 F y me encuentro con un niño que viaja solo. De ojos atentos y cabello rubio, le ha dedicado su vestimenta al Real Madrid. Le calculo 11 ó 12 años y al sentarme me doy cuenta que ha viajado solo más veces que yo, no se le siente la sutil torpeza que yo mostré horas antes en mi primer viaje en tren, esa que se puede distinguir cuando estás tratando de ver cómo funciona el asiento.
Bernardo, que asi le dice a la azafata que se llama, corrigiendo las letras de su apellido para que ella no se equivoque al escribirlo, espera que el avión despegue mirando por la ventana, viendo desde el aire a Galicia, gozando de la privilegiada ventana. Intento mirar un poco, y al acercarme nos miramos y de inmediato, con los ojos, nos declaramos compañeros de viaje. Ambos venimos de días de vacaciones muy importantes y estamos dispuestos a contarnoslo todo.
Pero primero lo primero, me señala que por aquel lado estaban los incendios que azotaron Galicia y volvieron cenizas campos enteros, me cuenta cómo fueron provocados y me explica por qué... asumo de inmediato que no he visto televisión en un mes entero y él procede a explicarme la situación, la conversación va llegando luego al terreno de lo antopológico y de cómo los venezolanos nos sentimos en lugares en los cuales, hablando el mismo idioma, a veces no entendemos palabras, de las diferencias culturales entre Galicia y Andalucía, de cómo valoramos la calidez de nuestra tierra.
Rodeamos la linguistica, la jerga popular y valoramos profundamente la palabra "vale". Descartamos de nuestro lenguaje cagarse en la puta madre de nadie y nos prometemos como ciudadanos latinoamericanos jamás perder la costumbre de tratar a los desconocidos de Usted. En contraparte decidimos aprender a esperar el turno en la cola y yo propuse acostumbrarnos a una señal de tránsito (un triangulo blanco con borde rojo) que significa "ceda el paso" y le confieso que me sentí como una cucaracha al ser señalada como culpable por no ceder el paso cuando me tocaba, con mi licencia de conducir venezolana que me hace inmune a la pérdida de puntos.
A este punto ya teníamos la confianza suficinte para que me contara sobre sus jugadores favoritos, lamentarnos por el cabezazo de Zidanne, preguntarnos por qué Beckham está poco inspirado y me hizo saber que Marca era el pejor periódico del undo,
era obvio, es del Real Madrid. Supe su historia futbolística, cómo a las 8 años había ganado la copa y luego el club lo envió a jugar a Barcelona. Dormimos un rato antes de continuar nuestra amena conversación. Siendo todo un caballero al recibir la comida me deseo buen provecho y esperó que yo me quejara primero acerca de la pelota salada y grasienta que nos sirvieron de almuerzo y me aconsejó comer sólo pan con mantequilla, sin embargo
cuando probó la ensalada hizo un esfuerzo para no escupir.
Al teminar de recoger todo, llamó a la azafata: -Soy un niño que viaja solo, puede darme algo para distraerme? Fue genial ver su cara de "no estaba preparada para esto"
Mirando hacia el techo la chica desconcertada le ofreció una cocacola y él quedó un poco impresionado por su falta de atención, entonces pensó que podríamos conversar un poco más. Con mucha suavidad me preguntó por mi viaje, quería saber cómo era Cádiz, su acento, los lugares que había visitado y entonces le conté que no me había movido de un
radio de 50 Km al rededr de la costa, entre Vejer de la Frontera y Tarifa, de cómo descansé, del restaurante, de las diarias siestas en la playa, de las personas con las que compartí... Con sus ojitos vivos me mira y dice:
- Y para ti, cuál fue el momento más importante de tu viaje?
Sin dudarlo y super emocionada le conté sobre mis planes de boda, la fecha, el lugar y cómo lo hemos
venido contando a la familia y los amigos. Se alegró como se alegran los buenos amigos, y me preguntó, como los buenos amigos, qué dijeron nuestras familias, cómo siento de pensar que viviré en otro lugar y me felicitó con sinceridad.
Las 8 horas pasaron más rápido de lo previsto. Mirando por la ventana al ver las luces de nuestra costa die en voz alta lo que yo pensaba:
- Tengo tanto tiepo que no veo los barrios...mi país... Quiero comer plátano frito!
Al comenzar el decenso, este hijo y nieto de gallegos, con su sonrisa infantil, quiere iniciar un extraño rito venezolano que consiste el aplaudir cuando un vuelo internacional aterriza:
-A que comienzo el aplauso!
Luego de que todos los pasajeros aplaudieron, la azafata de la sonrisa plástica y atenta, le dice que debe esperar que ella lo busque, para que, una vez ha finalizado la salida de todos los pasajeros, ella pueda llevarlo a inmigración.
Él, seguro de si mismo, conoce el procedimiento. Nos
deseamos suerte y me despido feliz de haberme cambiado de asiento.

Como se imaginan, estoy de vacaciones

Desde hace 10 días y hasta septiembre estoy de vacaciones absolutas.
Dedicada a los placeres de la vida, tengo poco tiempo para escribir en mi blog. Espero que comprendan que tengo una apretada agenda de verano en la Costa de la Luz... el cúmulo de cosas que vale la pena escribir es tan elevado que no hay manera de seleccionarlo sino que hay que dedicarse a vivirlo, asi que mis queridos amigos, nos veremos pronto.

Un abrazo apretao!

Nuevamente en Caracas

Caracas está caliente. Hace calor sin brisa y estoy en mi casa aterrizando de un viaje maravilloso al centro de mi vida.
He regresado después de tres semanas después de recorrer personalmente cada línea leída, cada frase escuchada, cada persona nombrada.
No estaba en unas vacaciones convencionales, de esas que uno puede predecir en una guía de loonely planet, en las cuales el recorrido es en cierta medida predecible y ajustado a un itinerario que imponen los horarios de museos y estaciones de tren. Más bien estaba en unas vacaciones absolutamente personales, en las cuales conocí una vida de la cual había escuchado hablar con tal nivel de transparencia que sólo me dediqué a mirar los ojos multicolores de todas las personas que ya conocía por referencia.
No se por dónde empezar a contar y creo que no sería capaz de resumirlo todo en un post, tendría que ser poeta o algo asi...
Sólo se que quisiera estar aqui todos los días, para la puesta de sol.

Para luego irnos a Palacio, donde al cerrar la puerta, todo tiene una armonía intemporal como si siempre husiese sido asi. Como si siempre va a ser asi. No importa la hora en la que lleguemos. Cuando abrimos la puerta de Palacio estamos en casa.
Aqui, en mi casa de Caracas hace calor. Caracas está caliente. Hace un calor sin brisa.

Conociéndonos

Desde el principio hay entre los dos una mezcla de sentimientos. Sobretodo de curiosidad. Siendo la primera vez que ibamos a compartir tanto, en cuanto me vio empezó a mirarme largamente, tratando de reconocer en mi aquello que nos hará cercanos durante todo el tiempo que estemos juntos.
Claro, cada uno tenía curiosidades diferentes: yo ya sabía parte de sus costumbres, modos de hacer las cosas, gustos... el blog había ayudado mucho para eso. Por lo tanto ya sentía simpatía por él... Su caso era diferente. Lamentablemente los perros no saben leer, y el Notas aun cuando había escuchado hablar de mi, hasta que no pudo olisquearme no tenía elementos para emitir opiniones ni sentir nada hacia mi persona.
Su mirada curiosa se transformó en algo de celos, pues hasta ahora eran sólo dos en casa. Pero como no hay dos sin tres, ahora en Palacio somos tres. Tres para un paseo largo por la playa que sirvió para acercarnos, me fue mostrando con toda su energía sus playas favoritas.
Yo soy nueva para él y todo lo que está a nuestro alrededor es nuevo para mi. Estoy haciendo cosas que para él son comunes pero que para mi son la primera vez. Hoy ha sido nuestro día. Desayunamos juntos, creo que mi conversación le aburre un poco por que prefiere salir a charlar con el vecino, Tonelito, pero resignadamente me acompañó al pueblo, como quien acompaña a alguien con la certeza que de lo contrario se perderá y habrá que buscarlo. Llegamos a nuestro destino y se apresuraba una prueba de lealtad muy dura: esta caraqueña se disponía a conducir un coche (léase manejar un carro) en estas carreteras europeas, en las cuales no sólo hay normas, si no que la gente se ve obligada a cumplirlas.
Abrí el coche. Y empecé a llamarlo (ya este era un dato sospechoso, habitualmente entra sin que lo llamen. Claro, yo no soy su chofer habitual). Lo llamé mucho hasta que entendí que su confianza no llegaba a tanto. Di por hecho que no me acompañaría, aunque lo vi caminar al lado para despedirse con la mirada. Salí del pueblo, y entonces, al mirar hacia atrás por el retrovisor, pude verlo corriendo detrás de mi, con la legua afuera, como diciendo: "está bien, te acompaño, párate antes que me arrepienta, mira que te puedes perder... ya entendí que somos tres..."

De la ciudad al campo: Europa también tiene playa.

Caminar a orillas de una playa es muy familiar para mi, que vivo en las arenas del mar Caribe, de tibias y tranquilas aguas.
La tradicional idea de Europa para una venezolana es la de ciudades grandes, con mínimo cinco millones de habitantes, y al menos 15 líneas de metro. Sus gentes siempre están elegantes, apurados para ir a un trabajo muy importante o muy calmados paseando por un parque o tomando vino en unas terrazas amables. Cuando se piensa en Eurpoa desde Latinoamérica, lo último que nos viene a la cabeza es disfrutar del mar o de cualquier paisaje natural, muy al contrario venimos en búsqueda de las grandes urbes y los museos enormes a ver si en verdad existen ese montón de cuadros, esculturas y jardines que tanto hemos visto una y otra vez en cines, televisión y en cualquier medio impreso. Una vez que vemos que en efecto: Dalí, Van Gohg, Rodin y Picasso están donde tienen que estar sentimos cierto alivio, y podemos entonces, a quienes nos interesa, dedicarnos a entender un poco el significado de sus obras y si somos capaces de dejar las guías a un lado nos tomamos el tiempo para perdernos en la ciudad y dejarnos llevar un poco por su ritmo. En ese momento estamos agotados de caminar 12 horas, en días que tienen 16 horas de luz. Es parte de todo primer viaje sentir mucha impresión por ver directamente aquello que hemos deseado ver, y de un segundo viaje disfrutar con tranquilidad y seguridad aquello que más nos gustó y sobre todo la compañía de las personas que nos rodean, una vez que nos hemos liberado de la necesidad de verificar que todo está en su sitio.
Asi salí de Madrid el martes, y mi viaje, tal y como esperaba, cambió de ritmo radicalmente.
Mi día de ayer transcurrió caminado de la la mano, conversando, tumbándonos un poco a descansar y admirar la costa del Atlántico... a una temperatura en la cual es imposible imaginarse entrar a tomar un baño de mar, pero que invita a caminar y a re-conocerse en ese contexto. En un pueblo pequeño de la costa puedo conocer otra cara de Europa que no sólo no conocía, sino que nunca me habría planteado conocer.
Son días bonitos, llenos de cosas nuevas, de sensaciones conocidas, y lugares que se van ordenando en una historia que avanza al ritmo que le ponemos. A ese y no a otro, a veces un poco caribeño, otras un poco europeo y la mayoría del tiempo en una mezcla única. Los dos, acompasados, vamos disfrutando de estos días que para mi son de vacaciones, para él de inicio de trabajo y para los dos de compartir y darnos cuenta que somos los mismos a uno u otro lado del Atlántico. En medio del campo o a la mitad de una gran ciudad.

Un Aló Presidente

"Ustedes son Venzolanas donde las pongan! ¿Quieren ping pong?"
"Si... somos... Bien chévere, nosotras vivimos aqui y nuestra amiga está de vacaciones..."

Y arranca la conversación de una venezolana más parlanchina que yo (lo cual es bastante!) que en cinco minutos nos deja saber que su novio hondureño (que no puede hablar por que ella obviamente no lo dejaría) tiene seis meses en Madrid, ella 2 años que no va Venezuela, que no vuelve, que las marchas, que se fue huyendo de las persecusiones en PDVSA durante el paro nacional del 2002, que no piensa volver, que en una manifestación la rozó una bala y justo cuando me pregunta si no me he planteado... (no la dejo terminar, se por dónde viene y no le doy cancha, para eso yo también hablo bastante) le digo que soy de Baruta y por allí arranca a decirme cómo con toda seguridad estudié el bachillerato con su hermano que le sigue, el del medio, Mario.
El Escorial se hace un escenario particular para una conversación que de entrada puede resultar chévere (como decimos los venezolanos) pero que junto a la voz chillona de esta chica termina por ser una de esas situaciones que empiezan para buscar el momento de terminar.
No quiero decirle que no, no me he planteado irme a ninguna parte por que soy muy arraigada, por que me gusta estar con mi familia y amigos, por que tengo un buen empleo, por que adoro Caracas (si, Caracas, donde a la gente la asaltan con pistolas, donde duras 2 horas para llegar a tu trabajo por las colas, donde padecemos a Chávez y sus consecuencias más de cerca. Si, Caracas) y por que si chica. Por que sólo me he mudado una vez en mi vida y me costó. Y no se lo digo por que este es un tipo de caraqueño que sale de Venezuela no a emprender un proyecto de vida, sino´a huir de algo.
Pareciera que Chavez personalmente los sacó de su casa. Fue durante un Aló Presidente que le dijo:

"Mira tu, si, Maite, asi es que te dice tu mamá, no?. Pero tu te llamas María Teresa. Mira Maria Teresa, a mi no me gusta esa vaina de que andes por allí en un trabajo de oficina, ganado un sueldito y endeudandote para poder tomarte una cerveza los viernes para hablar mal de mi. Y menos que vayas a manifestaciones políticas en mi contra para no tener que estar sola con tu novio que ya está bastante frío contigo. No señor, me haces el favor y me vas recogiendo tus peroles, vendes el carro, te buscas tu pasaporte de tu abuelito gallego que vino en barco hace 50 años (y que bastante real que hizo aqui. No me interesa que se casó con una venezolana, ni si fue honesto o no, hizo real y no nos dio a los demás y tu sabes que aqui la vaina cambió). Bueno chica, te compras un pasaje que aqui no se puede vivir con tanta gente como tu que no sabe en qué palo ahorcarse. Y no me mires con esa cara que Europa es bien bonita, mira que yo voy como una vez al mes y el Rey me trata de maravilla, claro tienen sus cosas, como que Aznar fue el primerito que salió a llamar al loquito aquel que me dio el golpe de estado en el 2002, pero bueno, ahora con Zapatero nos llevamos mejor, ese es un tipo bien abierto, y total a ti eso te da igual con tal que no se metan contigo. Tu vas a ver que te va a gustar y que ni te vas a cordar que aqui hay una Gran Sabana, y unas playas paradisíacas, y que Caracas tiene ladrones pero también tiene buena gente. Nada de que los venezolanos somos una fiesta y que con un buen piropo arreglamos todo. Tu vas a ver Maria Teresa que en dos años se te pasa la mamitis. Y no te me pongas con vainas mija, que de tu novio ni te vas a acordar, total, ese bicho es un coñoemadre que te montó cachos con la Ceci, si chica no ves que yo se todo?. Ya me lo está diciendo el Ministro de Infraestructura, Verdad Ramoncito (que ahora le dicen Ramón de La Trocha, por la tremenda carretera de un canal que nos montó por que el viaducto ese de la Cuarta República salió malo) Él mismo me dijo lo de los cachos. Bueno María Teresa, qué le vamos a hacer... vete chica que con ese color vas a volver locos a los europeos. Coño, eso si. No vuelvas. Que la gente como tu me deprime por que me echa la culpa de todos sus males y yo sólo soy culpable de una parte de las vainas, si tu quieres dile a todo el mundo que fue por mi que te fuiste, pero yo no me la voy a calar, oiste? Esta Maite cree que yo me tengo que calar que me echen la culpa de los cachos de José Antonio y no, no lo voya hacer. Denuncio aqui, publicamente, en cadena nacional de radio y televisión que Jose Antonio hizo esa vaina por que quiso, y bueno, aqui entre nos, la Ceci también, que yo no soy escaparate de nadie. Es más ahora, en honor a Maite y como despedida cantemos el himno nacional, o te canto una de Rocío Durcal miamor?"
Ahora, después de ese Aló Presidente que le hicieron a Maite en su casa, yo en compañía de venezolanos que vinieron a emprender un proyecto de vida y no huian de nada, planifico nuestro próximo viaje a la hermosa Gran Sabana, y con toda certeza pienso que sólo un proyecto de vida me sacaría de Caracas, pero no tengo nada de que huir.

Por que Venezuela tiene horrores para irse, bellezas para quedarse y las dos cosas componen una realidad de contrastes de la que formo parte. Sin duda estoy contenta por que mis amigos venezolanos en Madrid han venido, no los han sacado en un Aló Presidente.
Ya Chávez nos tiene como nos tiene, como para que además tome decisiones por nosotros.

Compartir el mismo Sol

Caminas y te encuentras con una cantidad de gente disfrutando de la primavera. No todos son iguales ni en edad ni en apariencia, pero se repira en el aire la alegría por la llegada del sol, de las flores, del caloricito que invita a estar en la calle, sólo para eso: estar.
A pesar del cansancio del jet lag recorrer el Parque El Retiro se me hizo tremendamente agradable por ese ambiente y por que me transportó a el mismo paseo hace dos años justamente en estas mismas fechas.
La primavera en del 2004 llegaba fría y lluviosa, con abrigos largos, guantes y un paraguas Vani y yo caminabamos solas con un perro negro que parecía nuestro pero no lo era. Para ese momento Vani redondeaba su estadía en Madrid paseando perros pijos en esa época del año donde esa tarea no es grata para nadie por el frío, y ella durante horas llevaba y traia perros con todo el cariño que sus dueños podían darles en casita y ella bajo una llovizna helada. Trucho fue nuestro acompañante ese día, y digamos que también testigo de cómo se emprende un proyecto de manera a veces un poco lluviosa, pero con la confianza de que saldrá el sol.
Ayer, vi cómo ha salido el sol. Vani ejerce en una clínica veterinaria y aunque extrañamos a Trucho, y jamás olvidaremos que con él conocí El Retiro, en esta oportunidad nuestro paseo es diferente. Lo que empezó con un poco de lluvia hoy ha florecido. Creo que las dos nos fuimos contando cómo para cada una la lluvia de entonces se ha ido disipando poco a poco para dar cabida una tempreatura tan delciosa como la de la tarde de ayer. Venezolanas las dos, nos vamos dando cuenta de los matices de las estaciones y cómo cada cosa viene, va y se va disfrutando en su momento con sus matices.

El Retiro da cuenta fácilmente de esta ciudad. Coexisten todos en un mismo lugar, y si bien no hay un compartir abierto caminan todos por el mismo parque. Es fácil notarlo cuando se ve a las parejas, siempre del brazo, las señoras vestidas con medias de nylon, traje, zarcillos de oro y saliendo de la peluquería del brazo de sus señores maridos, con quien pasean saludando y compartiendo con otras señoras iguales a ellas con sus respectivos señores maridos, y justo al lado otra pareja tapizada de tatuajes y agujereada con zarcillos, siempre del brazo, y saludando a alguna pareja amiga, quizás más altos, quizás más gordos, e iguales a ellos. Pero el parque es el mismo, en un lado del lago suena música para parejas que van con sus hijos pequeños y en el otro suenan tambores que relajan el ambiente para ir pasando el humo de los cigarrillos condimentados.
En ese lugar sólo quieren recibir el sol que está llegando para calentarlo todo, y aunque no todos son iguales florecen en el mismo parque.

Es linda Madrid, donde todos quieren caminar bajo el mismo sol. Y donde por primera vez veo que la noche llega después de las 9 pm.