La Coctelera

Categoría: Universidad

Patrono

El gran jefe indio reune a toda la tribu.
La tribu quiere más dinero.
El gran jefe indio dice que no hay dinero.
La tribu aplaude.

Más de 300 personas reunidas esperan al gran jefe. Nos ha mandado a llamar y no hay quien se resista, la curiosidad es muy grande. Fantaseamos con grandes catástrofes que nos ponen en riesgo como empleados, intervenciones del Estado a la educación privada y toda suerte de escenarios en los cuales lo que queda claro es que nuestro sueldo es lo más vulnerable.
Empieza puntual y va al grano: "Buenos días, gracias por su asistencia. Iré al punto: no hay dinero..."
Hila un discurso coherente que va desde cómo no se puede gastar más de lo que se gana, pasando sobre los peligros de ofrecer aumentos que luego no pueden cumplirse, hasta las calumnias acerca de su gestión que han salido en televisión. Calumnias fácilmente refutables con un par de hojas y un vistazo a las cuentas. Nos explica lo obvio tejiendo magistralmente un discurso sobre el presupuesto de la empresa, las condiciones políticas y la lealtad institucional, dejando caer alguna anécdota para permitir alguna risa espontánea. Cincuenta minutos más tarde todos aplaudimos y nadie parece tener preguntas sino ganas de irse a almorzar.:"Veo que el hambre es mayor que las ganas de preguntar.. que tengan buen provecho".
Es un maestro como negociador: no deja duda, no hay vacíos, no hay vericuetos, no hay garfio ni agarradero como decía mi bisabuela. No hay dinero, pero sí hay aplausos.
No se cómo lo logra... pero al final le tengo una admiración y un respeto increíble aunque no me aumente el sueldo.

Melancolía perruna

Es un mastín enorme, negro, atemorizante. Algo obeso. Vive en mi lugar de trabajo desde que descubrimos que lo mejor para espantar a los malandros que quieren meterse en las oficinas durante la noche a ver qué pescan no es la policía sino un perro bien plantado.
Tiene nombres según los turnos de vigilancia. Los de la mañana, los de la tarde y los de la noche, en total cuenta con tres nombres, y aunque le tienen cariño es un perro sin dueño y con cadena.
Le construyeron una prisión en los jardines traseros, amplia, pero cárcel al fin. A veces mientras estabamos en una reunión, tenía que explicarle a los invitados, que escuchaban un extraño ruido al fondo del edificio, que no se trataba del hombre lobo sino que nuestro perro guardián a las cuatro de la tarde afina y aulla triste y puntual.
Los fines de semana los vigilantes atormentados por el aullido y compasivos lo dejaban salir, y era obvio que entonces hacía de todo el terreno SU terreno, al punto de encontrar kilos de mierda en los pasillos. Un desastre para el personal de limpieza.
Ahora me estoy dando cuenta de que pronto tendrá jardín. A su prisión le han colocado unas rejas para que pueda tener donde dormir, comer, y correr un poco sin molestar a los que aqui trabajamos ni asustar a los que transitan diariamente con sus 70 kilos de fiereza.
Sin ambargo, mientras espera, dejarlo preso era un crímen, asi que recurrieron a las cadenas. Ahora pasa la tarde justo detrás de mi oficina. Su aullido puntual me eriza y me conmueve. Me asomo a la ventana y lo miro mientras inspirado, estira el cuello y se queja, o canta, o implora algo al infinito. Si estoy reunida con alguien simplemente deigo "es que a nuestro perro guardián la tarde le da melancolía".

Sintomatología de la Histeria

Por Mozart, Wolfang Amadeus (1790)

Ocurre que ir a clase siempre es muy ilustrativo. Sobre todo si se trata de la lección inaugural en la que el rector pone sobre la mesa un tema que guiará la reflexión de los universitarios durante el año, una reflexión que va más allá de las asignaturas y toca el fondo de nuestros problemas como sociedad. Siempre he disfrutado mucho de ese acto en el que el claustro de profesores entra, digno y solemne, de toga y birrete, a la derecha y a la izquierda, abriendo paso para que las autoridades den inicio al año académico, ante 1600 ojos que marchan a sus destinos impávidos, y son 1600 por que no caben muchos más en nuestro auditorio y por que no es fácil que un montón de adolescentes vayan a escuchar un discurso.
El caso es que este acto tan especial, como todo acto especial, viene acompañado de una interpretación musical que prepare los sentidos para aquello que se va a escuchar. Una invitación a la armonía interior, a manera de entrada, para que el paladar se abra y pueda degustar plenamente el plato cumbre de la noche. (escribo esto y con el hambre que tengo se me hace agua la boca). En este año académico contamos con una voz de soprano, que, acompañada de un piano, nos llevó de la mano por un fragmento de la Cosi Fan Tutte de Mozart. Sublime. Pasé segundos de angustia pensando que algún estudiante imprudente había dejado su celular encendido, que no sabrían apreciar el espectáculo, o cualquier cosa que pueda ocurrir cuando los dueños de los 1600 ojitos impávidos son adolescentes de 18 a 20 años. Pero no había por qué temer. Mozart en la bendita garganta de aquella estudiante de ingeniería hacía su trabajo, nos mantenía al vilo del pentagrama, nunca más alto, nunca mejor afinado.

Hasta que la tecnología hizo su intervención y nos hizo contactar con la verdad de toda opera: siempre al borde de las pasiones...

Un video bean proyectaba la traducción de la letra junto a unas imágenes de unas señoritas, que con toda certeza eran las antecesoras de aquellas niñas que ese día llenaban el auditorio.
Creo que Freud necesitó documentarse un poco más con Mozart para hacer un resumen más exhaustivo de los síntomas y origen de la histeria.

Lo que queráis.
¿Sois de carne y hueso, o de qué sois?
Una mujer a los quince años tiene que saber todo lo que está de moda; dónde tiene el diablo la cola, lo que está bien y lo que está mal.
Debe saber las picardías que enamoran a los amantes, fingir la risa, fingir el llanto, e inventarse bellas excusas.
Debe, en un momento, saber contentar a ciento, con las pupilas hablar con millares.
Dar esperanza a todos, Sean bellos o feos, saber esconderse sin confundirse, sin ruborizarse saber mentir y como una reina desde un alto solio con un «puedo y quiero» hacerse obedecer.
(Parece que les gusta esta doctrina;
¡Viva Despina, que saber servir.)

Pues Despina dio la primera parte de la clase magistral... y luego estabamos preparados para atender las reflexiones sobre medios y fines, teniendo bien claro dónde tiene el diablo la cola.

Induciendo

Con mi ropa cuidadosamente elegida (a los 17 años si algo se hace cuidadosamente es elegir la ropa) llegué al Aula Magna. Imagínense, un aula que es MAGNA.
Magno susto tenía yo cuando me di cuenta que estaba en mi primer día de Universidad, que no conocía a nadie, que nunca había ido sola desde Baruta a Antímano (una hora y media de camino: autobús, metro y otro autobús y eso me iba a tocar todos los días…) y que ese auditorio tan grande y frío estaba lleno de gente que iba a estudiar lo mismo que yo. Nos habían llamado a una cosa que le llamaban Inducción.
Nos inducirían a algo, no sabía muy bien a qué… así que, curiosa y ansiosa, fui a averiguar. Siempre voy a estas cosas, como saben me gustan los rituales de inicio.
La bienvenida fue magna y fría. Nos habló la entonces directora del la escuela que mantenía su barbilla en un ángulo de 120 grados con respecto al tórax (ángulo obtuso creo que le llaman en matemática). Nunca he sabido si esa manera de ver por encima del hombro tiene que ver su carácter de académica o tendrá alguna desviación cervical, pero en todo caso hubo un momento en el que se desató una verborrea incontenible de varias personas muy parecidas entre si, que ostentaban cargos tan magnos como el aula en el que estábamos, y nosotros allí: académicamente vírgenes, yo sobre todo, que estaba completamente libre de prejuicios. Me tomó unos meses enterarme de que estaba en la Escuela más famosa por su alto nivel de dificultad de toda la universidad y conocida por ser la escuela más difícil en la que podría estudiar mi carrera. Pero entonces yo era inocente de eso y simplemente estaba observando. No se por qué, lo que más recuerdo de ese día, no es ni una sola palabra de lo que allí dijeron, sino unos zapatos marrones muy puntiagudos, patéticos por cierto, que por alguna razón me gustaban mucho, y un juego que me hizo conocer a alguien que me dio la cola hasta el metro.
Años más tarde, como estudiante, fui voluntaria para apoyar la Inducción de los Nuevos y desde hace unos años participo en el equipo de profesores que organiza esta actividad… Ahora sí se a qué queremos inducirlos. Ya me he enterado y además opino, y hasta tengo voz y voto donde se decide a qué los induciremos.
Queremos crear en un espacio de dos horas identidad universitaria, ganas de estudiar, mística profesional, responsabilidad social, proyecto de vida, reducir la ansiedad, conocer donde está el cafetín, dónde se sacan las copias y dónde está el baño. Y por sobre todas las cosas hacerles saber que la universidad no tiene piscina.
Les mentimos un poco para todo esto: los profesores que los aplazarán en breve están allí sonrientes y cercanos. Queremos que sea divertido y colocamos un video. Queremos que tenga buen ambiente y también hay música. Queremos que sea místico y prendemos velas y cantamos. Los halagamos, los animamos, y casi los mimamos, claro sólo tenemos dos horas, hay que apurarse y atapusarlos con todo.
A veces me pregunto si perdemos el tiempo. Creo que ellos simplemente se ven los zapatos y sólo quieren averiguar de qué manera saldrán de allí.
Están fuera del Aula tan Magna que tenemos, frágiles, lampiños. Coquetas ellas, defensivos ellos. Solos algunos, otros en pequeños grupitos. Ajenos a nuestro magno plan.

Yo no quisiera mirarla pero no tengo la culpa....*

Es muy alta. Viste un vestido de lino color mostaza, chaqueta a juego, un pelo rojo obligado por Wella y muchísimo maquillaje. Coincidimos en una reunión convocada por un sector académico que quiere pronunciarse sobre el texto de una de esas leyes que cada minuto aprueban en nuestra desbalanceada Asamblea Nacional y que nos afectará directamente de manera negativa, que impide el desarrollo de proyectos en curso, que violentará nuestros derechos a la libre asociación y a la participación... pero si alguien sabe de derechos violentados es esta abogada.
Levanta la mano para pedir la palabra mientras yo le veo los pies. Enormes, con unos zapatos beige de punta muy fina, sigo subiendo la mirada, paso por unos tobillos gruesos y veo la depilación perfecta. Empieza a hablar, su voz deja a veces escapar un tono que da cuenta del hombre que fue. Es una voz suave, que pronuncia cada letra y con mucha firmeza habla de cómo los gobiernos que pretenden tener visos totalitarios generan los mecanismos legales para asfixiar cualquier forma de organización ciudadana que no pueda estar bajo su control, no se cómo llega a la constitución francesa y su ley de 1901. Mi mirada se posa en sus senos que se mantienen en el lugar que muchas mujeres de la sala que rondan los 50 años, la edad de la dama que habla, quisieran tener. Le calculo 36-C, pues con el ancho de su espalda la prótesis tiene que ser grande, de tal manera de lograr la armonía que esas tetas le dan al cuerpo de la abogada que sigue hablando de un recurso de casación de un tribunal margariteño que le da responsabilidad a un períodico local por un texto escrito por un periodista que luego fue considerado difamatorio. Pensándolo bien no sólo le da equilibrio a su cuerpo, sino que sin duda equilibra su alma.
Mientras habla de la libertad de expresión sigo mirándola con el descaro que me permite que ella tenga el derecho de palabra (alguno tenía que tener!) veo que tiene los dientes perfectos, debe haber sido un hombre guapísimo y me lo imagino tal y como ella misma relataba en una entrevista que hace pocos meses le hizo un diario de altísima circulación nacional.
Me lo imagino peludo, metido en un cuerpo que no siente como propio.
Me lo imagino padre de los hijos que perdió junto al pene que le quitaron en una cirugía.
Me imagino el cuidado que tiene el cirujano de hacerle una entrepierna creíble.
Me imagino su lucha jurídica para ser legalmente mujer, en el pasaporte, en el aereopuerto, en los títulos universitarios, en la licencia para conducir y en la calle cuando presenta su cédula.
Me lo imagino sufrido. Adolorido por la burla y el desprecio de quienes no lograron comprender qué es eso de la transexualidad.
Y escucho una mente brillante, haciendo observaciones valiosas.
Y veo a una mujer que ha sido hombre.
Y siento a un grupo de personas que lo conocieron como el profesor y ahora lo llaman profesora. Y que l@ valoran por sus dotes intelectuales y no por sus dotes fálicas. Y me asombro de lo que no debería asombrarme, de lo que debería dar por natural que es que las personas respeten los derechos sexuales de los demás, que los aprecien por sus capacidades y que los aceptemos como uno más. Y la verdad es que quiero seguir mirandola pero ya terminó de hablar y no me queda más remedio que seguir imaginandola.
Y cuando descubro mi morbosa curiosidad me doy cuenta de lo lejos que estamos de verla con naturalidad, sin duda el avance lo dio ella, que camina con soltura y destila feminidad dentro de su vestido mostaza en una sala que la conoció con corbata.
Que valiente esta abogada.

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*que parezca una esmeralda
con flores de chupa chupa,
que yo le avise a mi amigo
muy difícil me resulta...
("Mercedes se está Bañanado", Copla llanera de Simón Díaz, músico venezolano)

Definiciones de la semana

Mi trabajo me ha llevado esta semana a las siguientes definiciones, de las cuales tengo argumentos filosóficos y evidencia científica

Ladrón: visitante habitual de mi oficina y la de mis compañeros de trabajo que sustrae sin permiso desde chocolates hasta cámaras digitales. Desde juguetes para ser donados a niños pobres hasta el almuerzo de algún trabajador.

Cocinar: acto mágico-religioso a través del cual los adolescentes creen que alimentos entran crudos a la cocina y llegan preparados a la mesa.

Calle: lugar de residencia de los adolescentes.

Cristiano: persona medianamente buenagente que cree en el Niño Jesús.

Iglesia: institución mundialmente reconocida como corrupta, que permite a los fieles de las religiones en general (especialmente las judeo-cristianas)reunirse algunas veces para compartir ritos, ideas y afectos y no los decepciona nunca. Siempre se espera lo peor de ella.

Espía: señor con cara de cordero degollado que dice estar haciendo una tesis de grado y pregunta pelos y señales sobre el modo de funcionamiento de mi lugar de trabajo.

Madre corrupta: aquella que ante las pésimas notas de su hijo en lugar de decir "si no apruebas no sales de vacaciones" grita "si no apruebas demandamos a la profesora". Vease también tergiversaciones de la Ley Orgánica de Protección de Niñ@s y Adolescentes (LOPNA) y abusos de poder de empleados de altos cargos públicos

Su oficina se nos convirtió en funeraria.

Hacía ya doce días que la habíamos acomodado como sala de espera de cuidados intensivos. Por su fax se enviaron al otro continente los informes médicos, que en su caso parece más un prontuario clínico.
Una a una fueron pasando las páginas que reportaban males diversos: un accidente cerebro vascular, leucemia, insuficiencia renal… y un largo etc. Lloramos por no poder hacer un verdadero informe sobre la persona de la que estábamos hablando. No pudimos decir que dirige un centro social con más de 100 empleados. Tampoco pudimos decir que es consultor de cada una de las decisiones importantes de varias juntas directivas. Ningún médico pudo enterarse de su buen humor, ni tampoco de la cantidad de proyectos que están en marcha bajo su inspiración. Sin embargo tenía encima todos los tratamientos que se le podían hacer.
Durante esos doce días en su oficina, bajo el humo del cigarrillo y el olor del café, nos molestamos por su viaje, por haberse escapado y montado en un avión, nos alegramos de sus leves mejorías, nos asustamos con las llamadas y asi fueron pasando, lentos cada uno de los días.
Tic
Tac
Hay un condenado reloj que él tiene que es capaz de desesperar al más santo. Quiero tirarlo por la ventana
Tic
tac
Hoy, la oficina se hizo más densa, esperando la llamada que diría que ya no estaba más
Tic
Tac
Hasta que poco a poco dejó de ser sala de espera y se convirtió en funeraria. La silla vacía, y todas sus cosas en el escritorio. Las lágrimas de los más cercanos. Los suspiros, la gente acercándose. Los que consuelan, los que acompañan, los que tienen fe, los que cuestionan, los que justifican, los que hacen chistes, los que entran y se van corriendo, los que invitan a rezar…

Diostesalvemaríallenaeresdegraciaelseñorescontigo y uno se pregunta qué hace cuando la gente querida no está para despedirse benditoseaelfrutodetuvientrejesussantamaría por que al final tampoco es que uno no sepa que va a morir pero es que gloriaalpadrealhijoyalespiritu y Nai está como cuando murió su papá, desconsolada, ella entró aquí el mismo año que yo perdonanuestrospecadoscomonosotrosperdonamosalque Merce tiene unos zapatos muy elegantes, es lindo ese color, sus ojitos llorosos y perdidos me conmueven, quiero abrazarla pero es dura la Merce benditatueresentretodaslas y qué iremos a hacer aquí, uno se va a su casa asi como si nada? Brilleparaellaluszperpetuadescanseenpazamenquintomisterio somos muchos aquí, que calor… recuerdo su voz de profesor de estadística… virgendemontecarmelotomalocontumanto me duele el estómago… descansaenpazamen
Va llegando gente
Hay enfermeras, abogados, decanos, profesores, personal de limpieza, estudiantes, directores…
Escucho la voz de unas letanías, todas al unísono, todas las voces a la vez y me siento más tranquila en ese murmullo conjunto… todos, conocidos, compañeros, amigos decimos al mismo tiempo ese montón de palabras rebuscadas y da la sensación de que están diseñadas para servir de mantra. Una especie de Ohmmmmmm medieval que nos arropa a todos y da un poco de sueño.
De repente, una vez terminado el ejercicio de repeticiones aparece ese hueco espantoso que se abre en el estómago al salir de las funerarias cuando uno, en su interior, se da cuenta que no lo va a ver más. Y salta alguien rápidamente a salvarnos del vacío “mañana una misa, hay que buscar un cura!” y empezamos a buscar, en nuestra colección de curas, uno que esté a la altura de las circunstancias… pero es en vano. No hay ninguno que pueda dar consuelo, justificar la desaparición e incluso tratar de que estemos alegres por que está en el cielo. Ellos también están desconsolados.
Por que no verlo más desconsuela, desorienta y parte el alma en dos partes: la que sabe que se fue, y la que espera verlo llegar. Y esas dos partes se separan abriendo el hueco hondo que tenemos en la boca del estómago, mientras caminado lentos, con las manos en los bolsillos, volvemos a su oficina, a recordarlo un poco más, a llorarlo un poco más, a regañarlo un poco más, a reírnos de sus historias un poco más… mientras el condenado reloj sigue haciendo tic tac.

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