La Coctelera

Categoría: Venezolanisimo

Haciéndome la idea

A propósito de protestas y lejanía
A propósito de los estudiantes a quienes vi cuando llegaron,
y de la historia, que siempre ha sido mediática.
Y de la historia, la no oficial, que se va gestando en nuestras cabecitas,
y que, parece, que cuando esos recuerdos son semejantes a los que otros han ido construyendo en sus propias cabecitas, se forma un tejido.
Y de los que, curiosos, te miran, por que hay quien cuenta nuestra historia, y frontales, te hablan, por que ellos también tienen su propia historia.

Que curioso

Llevando el negocio entre los dos, con un oído en lo que pasa en una terraza paradisíaca frente al mar y el otro escuchando por teléfono lo que pasa en Caracas.

Pillo una imagen aqui, otra allá, leo alguna noticia másallá, trato de hacerme una idea intermedia entre las emociones de mis interlocutores, los filtros de la ley de contenidos que hacen ciertas noticias muy parcas y las parcialidades grotescas de páginas web de cada uno de los lados.

Trato de hacerme una idea, pero eso lo hago por que estoy aqui.
Por que si estuviera allá, allá en la puerta de las universidad donde estudié y trabajé, allá en el mero núcleo de los acontecimientos, allá escuchando a los estudiantes con los que compartí tanto, allá en el oeste de una ciudad partida en dos... Por que si estuviera allá no tendría que "hacerme una idea" una idea objetiva del alcance, magnitud y consecuencias. O sí, o sí tendría que hacermela sin saberme haciéndomela hasta que, (café del cafetín en mano), me daría cuenta.

Aquí me hago una idea, en diferido, y sin embargo esa idea me toma.

Y me preguntan de donde soy, Ich komme aus Venezuela, I am from Venezuela, Venessssolana, y te miran con cara de que Chávez apareció en el periódico de su país ultimamanete no para meterse con Bush sino por que parece que hizo algo menos simpático, y te quedas asi con cara de que tienes una idea de qué es lo que pasa, la tienes, la tienes tan clara como que Chávez dio un golpe en el 92, Morales Bello le deseo la muerte en una especie de suicidio político y allí Caldera empezó a ganar las elecciones del 93, que las ganó de chiripa, que Chávez fue juzgado y condenado (en ese orden) y luego indultado, que ganó limpia y mediáticamente unas elecciones en el 98, que nunca voté por él, que la presna extranjera ha sido complaciente con un gobernate anti yanki, que la desigualdad, que el 11 de abril, que el paro petrolero, que la oposición suiciday torpe, que la exclusión social y política, que la lista de Tascón, que el referendum, que los estudiantes deben haber ido a su primera marcha con 14 años, que las universidades, que la ley de esto, que la ley de aquello, que tantas cosas que sólo queda decir, en el mejor de los casos,con la boquita apretada en una media sonrisay los ojos un poco más abiertos, un poco más sentidos-We have politics problems... - Ah, ok, I'm sorry... what is sashimi?

Por que también te puedes encontrar con el típico simplón que iguala izquierda con marihuana, con el Ché, con Fidel, Cuba, los pobres les ganaron a los ricos, Chávez, justiciero, Bush Donky. Rojo=República=obreros=buenos=jeans=Chávez. Ricos=fascistas=católicos=franquistas=PP=chemisse color pastel con pantalón beige. El que te mira como resultado del Siglo XX que le tocó vivir, desinformado pero con su opinión muy clara y te mira creyendo que si él estuviera en Venezuela sería rojo rojito por que en España es más "rojo que un coche de bomberos" y aqui yo también lo sería, pero es que no soy de aqui y lo que me sale es una especie de rojo ladrillo, y viene y te dice:

-Chávez lo que tiene que hacer es joder a esos golpistas.

Allí es cuando arqueo las cejas, se me abren un poquito, sólo un poquito, se abren imperceptiblemente las fosas nasales (que por cierto son muy grandes, debería decir cuevas nasales) pero se abren sólo para inspirar mejor el aire, lo miro con mi media sonrisa, y tengo mi idea, por que me he hecho mi idea, por que siempre me hago una idea, mientras llamo y leo me hago una idea, y sólo puedo decir: - Es más complejo que eso...

Por que es complejo hacerse una idea desdeEspaña sobre Caracas.

Y es muy raro.

Y es.

Estigma

Lo vi recostado de la pared, de espaldas, acurrucado como un ovillito húmedo: sudando y llorando. Su camiseta dice que pertenece a un programa: “Niños trabajadores NO- escolarizados”.
Cuando me agarró las manos me di cuenta que las suyas estaban llenas de callosidades, con la piel dura y las uñas sucias. Lloraba mucho, las lagrimitas se le caían al suelo, pero no era llanto de rabia. Insistí en que me contara qué había pasado, sentados en las escaleras oscuras del centro comunitario, pero no quería. Se abrazó de mi y pude ver, en medio de su carita con marcas y su pelo opaco, los ojitos claros mojados de impotencia. Bajamos con cuidado las escaleras, buscamos una servilleta para secarle las lágrimas mientras yo esperaba con paciencia que las palabras salieran de su boca para darle forma ese sentimiento difuso que se le estaba derramando por los ojos. Nos abrazamos apretado y me dijo entrecortado: “es que hay un niñito que se está metiendo conmigo por que yo no se leer!”
No sabe leer.
Su mundo pequeño del barrio es más pequeño que el del resto de los niños por que no sabe leer.
Y su camiseta lo dice claramente: no-escolarizado. No dice: “soy un niño que está aprendiendo a leer”. Dice lo que no es, casi dice “soy un niño que no sabe leer”.
Odié la camiseta. Quise invitarlo a un ritual inventado para el momento que en mi mente llamé “la quema de las camisetas del estigma”. En mi ritual haría un discurso: recordaría todas las veces que he despotricado contra semejante manera de etiquetar públicamente a un niño desde sus dificultades, luego, todos en círculo se quitarían sus camisetas a la vez (como saben, me encantan los ritos) y las telas arderían en una hoguera en medio de la calle, ante la vista de todos los que han coordinado, asesorado, cooperado y financiado las etiquetas estampadas, incluyéndome. Al finalizar, todos, sin camisa podríamos abrazarnos y proponernos aprender a leer y nos colocaríamos unas camisetas blancas, muy limpias, de nuestra talla (y no esa talla única tan desagradable) e iríamos a ser lo que somos y no lo que no somos. El acto terminaría en una lectura de cuentos para todos los presentes.
Pero mi acto imaginario tenía que terminar por que el chico ya estaba más calmado, ya me había dicho con sus dedos que tenía ocho años y ya yo estaba diciéndole que la próxima vez que alguien le recordara que no sabía leer, él tenía que recordarle que estaba aprendiendo, y que con toda seguridad aprendería.
Tengan escuela o no los niños contactan muy fácil con su alegría, caminó por la calle, directo a su “aula alternativa” donde lo esperaba una docena de niños que tienen su misma camiseta y que todos los días tratan de descifrar la magia de las letras.

De vez en cuando, la ciudad puede conmigo

Dos horas de tráfico para recorrer menos de 10 kilometros. Habitualmente me abstraigo en lo más profundo de mi inosciente, miro hacia adentro, me recorro internamente, entro en franco diálogo con mis preocupaciones inimaginables, hago planes insólitos, y salgo de ese mundo interior un poco si, y sólo si, la radio dice algo grave. De resto ni siquiera necesito de música para estar entre neutro y primera. Neutro y primera, neutro.... freno de mano... me duele un poco la pierna izquierda... primera...
Pero decidí salir de la autopista e internarme en el centro. Y la dosis de indiferencia cotidana que me permite de vivir en una ciudad hostil y contrastante como esta sin enoloquecer, se fue esfumando en la medida en la que los buhoneros, la basura y la gente pululante merodeaba para transitar la calle, para ir y venir, arrastran a sus niños pequeños, cruzan sin mirar, se salen de las aceras en una especie de desbordamiento ciudadano, como si las aceras se reventaran y la gente explotara para caer justo sobre mi carro.
Entonces la ciudad pudo conmigo. Me convirtió en un ser asustado y claustrofóbico. Y lo hice: justo cuando tres señores, de más de 70 años, intentaban cruzar la calle, toqué la corneta, me tragué la luz roja y los esquivé de mala manera, con suficiente tiempo como para que uno tomara del brazo a otro y yo sólo pudiera leer en sus caras el susto de vivir en una zona impune y cambiante y ellos en la mía el deseo de salir de allí por encima del respeto a sus canas.
Para ser genuinamente hostil no puedes mirar a los ojos a tu víctima, y yo se los vi. Y me vi los míos, en esas pupilas grises.
A Caracas hay que seducirla para encontrarle amabilidad, pero en noviembre se hace la dura y cuesta mucho sacarle siquiera una sonrisa.
Enero es mejor mes, se le despejan los cielos y las dudas. Le baja el dólar y la temperatura. Enero le vendrá bien a Caracas, mejor que este noviembre de aguinaldos monetarios y votos engatillados.

Deborah

Toca el intecomunicador
-Quién?
-Deborah
Ya con ese sugerente nombre danzandome en los oídos voy caminando hacia al ascensor. La veo al final del pasillo. Jeans a la cadera ajustados, cabello bien tratado con tintes en la peluquería, sandalias altas con cartera a juego y la camiseta adherida al cuerpo. Me acerco y veo unas cejas cudadosamente tatuadas, y unos ojillos dulces. No debe tener más de 22 años. Me pregunto si ella realmente es la chica que contraté para la limpieza.
Sobretodo me lo pregunto viendo mi propia facha de domingo a las 7:30 am.
Su voz amable (la voz es tan importante...) me saluda "Mucho gusto, Deborah". La recibo sin dejarla hablar, quejandome de lo sucio que está el apartamento, advirtiendole en el ascensor que se enfrentará a un problema serio... los vidrios... la cocina... mi novio está por llegar...blablabla".
Cuando vió los vidrios casi le da algo, y sólo dijo "voy a cambiarme". La vi salir vestida de guerrera dispuesta a sacar la mugre de ese apartamento y el de los vecinos. La dejé en lo suyo después de unas instrucciones básicas. Al volver la chica linda de la mañana había avanzado mucho, al terminar la jornada el apartamento era otro, la chica se había ganado su dinero limpiamente (nunca mejor dicho) y volvió a cruzar palabra conmigo: "Voy a cambiarme". Reapareció vestida de Deborah, sólo que sonreída por que llevaba el dinero que esta mañana no tenía. Satisfecha y vendiendo su faena: "Te gustó Mami? que bueno, tu me dices pa quedarme trabajandote...", dispuesta a más, se fue despidiendo y supe que tenía una niña de dos años y vivía en Catia.
La verdad no se de qué me extrañé.. es la típica venezolana, dispuesta a todo, trabajando hasta que no de más, pero al final siempre Deborah.

Flujograma electoral

El angel de la guarda más despistado

Registro la cartera hasta hacerla escupir el último papelito, ya no queda nada adentro y nuevamente he perdido un ticket de estacionamiento.
Caracas no te permite estacionar en la calle, por un lado no hay puesto y por otro, los riesgos de regresar y no encontrarlo son muy elevados.
Los caraqueños choferes tenemos todos, a diario, un chorro de adrenalina seguro: el que se dispara justo cuando estás a unos diez metros de llegar a donde se supone que te estacionaste y por alguna razón (un árbol, una camioneta, un tumulto de gente) no lo ves a tiempo. Se te hacen los diez pasos más largos de tu vida, no quieres correr para no hacer el ridículo, pero en ese momento, en esos últimos diez pasos si estás hablando con alguien ya no importa. Sólo quieres llegar al ángulo correcto para verificar que tu carro sí éstá allí. Lo miras y el alivio es delicioso, es casi narcótico, te secas el sudor de la frente, respiras hondo y sigues tan tranquilo. No ha pasado nada.
Por lo tanto nos estacionamos en sótanos que llegan a las entrañas de la tierra, humeantes, olorosos a aceite y gasolina, cuidados por unos seres subterráneos cuyas tarde se amenizan con radio AM y sus eternos calendarios con chicas desnudas.
A veces hay que dejar la llave, el volúmen de carros es elevado y no caben todos, asi que el "parquero" se encarga de moverlo... y dejas la llave encomendada a Sanmiguelarcangelvirgenmariasanonofreyelnazarenodesanpabloamen.
Usuaria como soy de mi carro, soy cliente de todos los estacionamientos de Caracas, y nunca he podido tener alguna clase de hábito que me permita tener a mano el ticket de estacionamiento a la hora de pagar. Me tocan corneta, me gritan, que me apure... y yo busco y busco y señores, de verdad no lo encuentro hasta que he sacado todo de los bolsillos propios y ajenos.
Este sábado me resigné, simplemente lo perdí y estaba dispuesta a pagar la multa, ya no tenía energía para regresar al apartamento a buscarlo. Quería pagar e irme.
Hasta que el "parquero" me arrancó una carcajada:
"Pero es que usté está más despistá que angel de la guarda de los Kennedy!"
Propina y un chocolate para el parquero.

La semana que viene

Me ve y mira el papel que tengo en la mano. Con esa mala costumbre de leer sin ser invitado me dice sin que yo le pregunte nada: "Esos cheques no los han bajado"
Yo: "Pero mira a ver... a lo mejor tiene días ahí..."
Ella (boca torcida, mueca de desidia) No chica, si yo misma soy la que llamo para ver qué está listo (en ese momento se vuelve una mujer gigante e inalcanzable, es quien tiene el poder sobre los cheques!)
Yo: (con voz de cordero degollado - uno siempre tiene que parecer sumiso ante la autoridad de quien maneja una taquilla en la que se entregan cheques): "bueno, pero una revisaíta, es que mi hermano necesita estos reales..." (se que ella podría decir que no va a revisar por que no le da la gana)
Ella (rubia a juro, 50 años, tetas caidas, 1,50 de estatura y 70 kilos. Tiene cara de rusa): "No mijita, esos cheques no los han bajado. Ayer no había firma"
Yo: (aqui tenía la cara del Gato con Botas en Shrek) "Y pa cuando estarán listos...?"
Ella (con media sonrisa en sus labios delgados, mirando sus carpetas y sin mirarme): "No se miamor, pásate la semana que viene, a ver si los bajan".
La semana que viene.
La semana que viene quizás mi hermano(el dueño del dinero que está dentro de ese cheque) pueda comer mientras está de viaje.
La semana que viene quizás la señora que tengo detrás en la cola pueda comprar la medicina que necesita.
Yo creo que la semana que viene el señor que está de último en la cola pueda pagar la inscripción del colegio de sus hijos.
Por que en la administración pública la semana que viene siempre es un buen momento. Nunca es el día que tienes previsto cobrar tu sueldo, sino justo una semana después.

Señores de la cola de la taquilla: no se enfermen, no coman, no paguen servicios, no se diviertan, no salgan de sus casas hasta la semana que viene.
Señores de la cola, no le digan a sus familias antes de llegar a la taquilla "tranquila, hoy cobro y podremos hacer mercado", no. Diga: Hoy voy a buscar el cheque, pero como me lo darán la semana que viene pagaremos la luz la semana que viene. Y no me pidas velas por que no tengo.... hasta la semana que viene.

El Universal.com tiene una sección de Blogs, o cree que la tiene.

Hace pocas semanas, El Universal, uno de nuestros periódicos más antiguos dio inicio a una sección de Blogs en su página web, de lo cual me enteré más rápido por un blog de La Coctelera, que por otras vías.

Por curiosidad me acerco. Me encuentro con una página que tiene los sonrientes rostros de sus autores, y miro los títulos… las caras… buscando esa primera frase que te engancha para seguir leyendo.
Me esperaba algo sobre esta vida urbana de la loca Caracas, algo sobre estas “horas aciagas que vive la patria”, o alguna cosa que me permitiera conectarme con algún elemento propiamente criollo sin llegar a ser político (lo cual ultimanete es una hazaña) como la comida, los fines de semana, o alguna muestra de “pequeñas corrupciones de cada día” que tanto nos hacen reir.
Y me encuentro con unas columnas una más light que la otra, al punto de que hoy me enteré que Naomi Campbell tiene 36 años!! Se imaginarán lo que significa que Naoimi tiene 36 años para cualquier mujer que le está empezando a salir celulitis antes de cumplir 30. Casi lloro.
Aun con esperanzas, sigo curioseando la página. A mano derecha encuentro un título perverso: Reglamento de blogs, eluniversal.com. Hago un clik tembloroso (la palabra reglamento junto a la palabra blog me produce cierta ansiedad) y empiezo a leer. Que si prohibido esto, que si prohibido lo otro, que si no… 9 prohibiciones en total y una serie de cláusulas que te obligan prácticamente a ceder tus comentarios y que una vez leídas te invitan a no comentar. Digamos que se trata de una armadura para protegerse.
Mi lectura sobre el tema: no quieren comprometerse en un experimento tan arriesgado como un blog. Se meten en esta línea como quien no quiere la cosa, como para estar en lo que se supone que es la vanguardia periodística y el resultado es una serie de artículos insulsos que están muy lejos de la comunidad venezolana y sobre todo de la calidad de sus columnistas de la versión impresa.
Digamos que mejor déjenlo asi.
Me habría encantado dejar este comentario en El Universal, pero no se si los reglamentos lo permiten…