Estas paredes que han transpirado tantas ilusiones
Esa frase no es de un poeta, ni de un escritor, ni de un compositor.
Es la manera en la que una señora cualquiera, de un barrio caraqueño, se refiere a su casa, a su rancho, que tanto le costó contruir durante toda una vida, donde vivió y junto a su marido levantó una familia, tuvo alegrías, tristezas, frustraciones y logros. La escuché hoy y no pude menos que conmoverme.
La casa de barrio caraqueño no es una casa que se compra hecha, sino que la gente la va levantando con sus propias manos, un día un cuarto, con la ayuda de un vecino se hace el otro, y asi con el tiempo se va transformando en la medida en la que la familia también lo hace. Es una casa que siempre está viva, que comienza como un pequeño espacio para la pareja que la va soñando, que cuando hay un enfermo se ve triste, que se viste de fiesta cuando hay una celebración, que si alguien muere sufre el luto y le crecen las habitaciones a medida que los hijos nacen.
No vivo en una casa de barrio caraqueño, pero escucho esa frase e inmediatamente vuelo a la historia de la casa de mi familia, que aun hoy conserva mi tío Humberto. Es la casa que le costó años de esfuerzo a mis abuelos, en la que se crió mi mamá y en la que se cristalizó el sueño de mi abuela de estar lo más cerca de la ciudad para que sus hijos tuvieran una mejor vida, lejos de los sacrificios de la vida rural de las zonas foráneas de la Caracas de los años 40.
De esa vida traía 5 hijos sanos y fuertes, pero también había perdido dos y uno de ellos, mi tío Humberto, había quedado con sus piernas dormidas para siempre por el polio.
Vivir lo más cerca de la ciudad los llevaría a una mejor vida, que sin duda lograron. Mi abuela que no tenía cuarto grado fue actos de graduación de sus hijas en la Universidad Central de Venezuela, logró conservar su casa y luego migrar a otras zonas de la ciudad. Pero en esa casa de barrio pasaron cosas importantes. Fue allí donde crecieron todos los hijos, fue allí donde la ciudad también creció y se los fue tragando, fue allí donde se vio crecer a los vecinos y también de allí se despidió para emprender otros proyectos. Por que para hacer una casa de estas hay que ser emprendedora.
No es una casa más especial que las demás. Es simplemente la casa en la que empieza un sueño. Fuerte, resistente, cálida, protectora, y con las purtas abiertas para entrar y para salir.
La historia de cómo Caracas se ha convertido en lo que es hoy, no es un cuento que me contaron en una cátedra de História Contemporánea, es el cuento contado por mis tíos y reconstruido por mi en una imaginación que no para cuando intento reconstruirlo todo entre el mito y la realidad.
La casa de mi abuela lleva mi nombre: Rosario. Y hoy me siento especialmente orgullosa de eso.

Claudia dijo
Me recuerda a la historia de la casa de mi querido amigo Ronald. Su mama me dijo como alzo su casa alla en Maracaibo, con cinco hijos varones, cuarto por cuarto y pared a pared, y ahora no solo sonaron en ella sus hijos, ahora tambien los nietos y todos los que hemos tenido la dicha de ser invitados.
26 Marzo 2006 | 08:22 PM