De la ciudad al campo: Europa también tiene playa.
Caminar a orillas de una playa es muy familiar para mi, que vivo en las arenas del mar Caribe, de tibias y tranquilas aguas.
La tradicional idea de Europa para una venezolana es la de ciudades grandes, con mínimo cinco millones de habitantes, y al menos 15 líneas de metro. Sus gentes siempre están elegantes, apurados para ir a un trabajo muy importante o muy calmados paseando por un parque o tomando vino en unas terrazas amables. Cuando se piensa en Eurpoa desde Latinoamérica, lo último que nos viene a la cabeza es disfrutar del mar o de cualquier paisaje natural, muy al contrario venimos en búsqueda de las grandes urbes y los museos enormes a ver si en verdad existen ese montón de cuadros, esculturas y jardines que tanto hemos visto una y otra vez en cines, televisión y en cualquier medio impreso. Una vez que vemos que en efecto: Dalí, Van Gohg, Rodin y Picasso están donde tienen que estar sentimos cierto alivio, y podemos entonces, a quienes nos interesa, dedicarnos a entender un poco el significado de sus obras y si somos capaces de dejar las guías a un lado nos tomamos el tiempo para perdernos en la ciudad y dejarnos llevar un poco por su ritmo. En ese momento estamos agotados de caminar 12 horas, en días que tienen 16 horas de luz. Es parte de todo primer viaje sentir mucha impresión por ver directamente aquello que hemos deseado ver, y de un segundo viaje disfrutar con tranquilidad y seguridad aquello que más nos gustó y sobre todo la compañía de las personas que nos rodean, una vez que nos hemos liberado de la necesidad de verificar que todo está en su sitio.
Asi salí de Madrid el martes, y mi viaje, tal y como esperaba, cambió de ritmo radicalmente.
Mi día de ayer transcurrió caminado de la la mano, conversando, tumbándonos un poco a descansar y admirar la costa del Atlántico... a una temperatura en la cual es imposible imaginarse entrar a tomar un baño de mar, pero que invita a caminar y a re-conocerse en ese contexto. En un pueblo pequeño de la costa puedo conocer otra cara de Europa que no sólo no conocía, sino que nunca me habría planteado conocer.
Son días bonitos, llenos de cosas nuevas, de sensaciones conocidas, y lugares que se van ordenando en una historia que avanza al ritmo que le ponemos. A ese y no a otro, a veces un poco caribeño, otras un poco europeo y la mayoría del tiempo en una mezcla única. Los dos, acompasados, vamos disfrutando de estos días que para mi son de vacaciones, para él de inicio de trabajo y para los dos de compartir y darnos cuenta que somos los mismos a uno u otro lado del Atlántico. En medio del campo o a la mitad de una gran ciudad.

carmenex dijo
me alegra que todo este en su sitio. disfruta de las playas como si estuvieras...como que estas allí. Un beso
6 Abril 2006 | 02:59 PM