Con Jessica Rabbit en una reunión de trabajo
En la mesa hay 12 personas, casi la Última Cena pues. Todos con un rol, una agenda visible y una oculta, un lápiz en la mano (para sentirse muy importante, quien tiene cosas que anotar siempre es muy importante), una cara de cortesía acartonada por el café y un silencio que le dice al de más alta jerarquía que debe dar la pauta para empezar.
Tras un minuto tenso en el cual nadie dijo ni una palabra, yo hice un comentario chistoso (es parte de mi rol) y se entendió que debíamos comenzar. Frente a mi tenía a un zorro viejo, de canas que tocan sus orejas de rata, con la mano siempre en el mentón. Sus ojos separados le dan cierto aire de zorro, y en efecto lo es, sólo que es un poco tonto: todo lo clasifica en bueno o malo, y lo peor es que lo dice.
En cierto lado de la mesa está uno de esos maricos de closet: inteligente, con su agenda muy clara, tiene todo perfectamente anotado. A él no se le olvidará ni una letra, nos llevará a donde quiere y nos dejará saber que el armario se le está haciendo pequeño a la gran mariposa que hay dentro de él.
A su lado está Jessica Rabbit: pelirroja, blanca, sus labios tentadoramente carnosos se derraman hasta llegar al brillo de sus prendas de oro, que terminan justo en el diamante de su anillo de compromiso.
Jessica Rabbit durante toda la reunión estará silenciosa, mirando sólo con el rabo del ojo, pues está muy ocupada repasando la lista de invitados a su boda y hacerlo en medio de una reunión de trabajo requiere concentración.
Tengo también cerca un licenciado en educación que no ha podido deshacerse de su papel de monaguillo. Estoy segura que acompañaba al cura de su parroquia desde los 13 años, haciendo el ritual perfectamente con la secreta ilusión de su madre de tener un hijo cura. De esa época conserva aun la manía de sentrase recto y poner las manos entrelazadas sobre las piernas que no cruza y la palidez, tan poco atractivas en las reuniones de trabajo.
Nos acompaña también un sujeto agradable: una mezcla de profesor de educación física con diputado. Un negro alto, elegantísimo (como todo negro con corbata), que no deja de mirar su celular y que seguramente baila muy bien.
El resto de la mesa se llena de personajes peligrosos: los fantasmas, cuyos matices de gris no son perceptibles a simple vista y cuyas opiniones dependerán del balance que se de entre aquellos que brillarán durante la mañana, sólo se distinguen las dulces canas de nuestro alto jerarca, cuyo rostro se baña de arrugas verdaderas, de las ganadas con sinceridad y con poca ingenuidad.
Para mi sorpresa es el monaguillo quien empieza, a la derecha del padre. Nuestra loca de armario salta y trata de llevarnos a su terreno burocrático, nos acorrala, tiene todo calculado. El zorro resulta tonto y abre la boca para dar sus juicios de manera tan impertinente que nadie lo toma en cuenta (sería más amenazante si se quedara callado). El diputado bailarín de la corbata chillona nos da sus impresiones orientadoras de buena fe, salvando un poco el camino que tiende a perderse. Pasan las horas mientras los fantasmas le van dando la razón a la loca, al tiempo que el monaguillo le da la palabra a cada uno en un ritual aburridisimo. Yo mientras voy armando este post, hasta que me doy cuenta de que tengo hambre. Entonces me permito cumplir mi rol: acelerar los acuerdos y allí Jessica Rabbit nos sorprende a todos. Saca un papel para cada uno (estoy por pensar que es la lista de invitados al matrimonio) y zaz! nos muestra un resumen esquemático que en media página explica las acciones que tomarán los miembros de su organización. Jessica nos ha salvado! podremos comer a tiempo!.
Un par de frases, agenda en mano acordamos la próxima reunión de trabajo y para mis adentros confirmo dos cosas:
1. He llegado a la oficina, arrancó el tren de reuniones.
2. Las mujeres bellas e inteligentes siempre sabemos cuando poner las cartas sobre la mesa.

sinpalabras dijo
He disfrutado.
24 Abril 2006 | 10:41 PM