Entré a Guayasamín... y ya no pude volver.
Entrada a Guayasamín
Los nombres de Orozco, Rivera, Portinari, Tamayo y Guayasamín forman la estructura andina del continente. Son altos y abundantes, crispados y ferruginosos. Caen a veces como desprendimiento o se mantienen naturalmente elevados, unidos territorialmente por la tierra y por la sangre, por la profundidad indígena.
Guayasamín, entre los unos y los otros, emprendió en su obra el Juicio Final que les pedíamos a los solitarios del Renacimiento. Pocos pintores de nuestra América tan poderosos como este ecuatoriano intransferible: tiene el toque de la fuerza, es un anfitrión de las raíces, de cita a la tempestad, a la violencia, a la inexactitud. Y por ello, a vista y paciencia de nuestros ojos, se transforma en luz.
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Guayasamín es uno de los últimos cruzados del imaginismo; su corazón es nutricio y figurativo, está lleno de criaturas, de dolores terrestres, de personas agobiadas, de tortura y de signos. Es un creador del hombre más espacioso, de las figuras de la vida, de la imaginación histórica.Yo le tengo en mi santoral de santos militares, aguerridos, jugándose siempre el todo por el todo en la pintura. Las modas pasan sobre su cabeza como nubecillas. Nunca lo aterrorizaron.
Presento, y es mucho honor para mí, a este pintor germinativo y esencial, seguro de que su universo puede sostenerse aunque nos amenace como un derrumbe cósmico.
Pensemos antes de entrar en su pintura porque no nos será fácil volver.
Pablo Neruda
Catálogo de la exposición de La Edad de la Ira en el Museo de Bellas Artes, Santiago de Chile, 1969.
Asi me presenta Pablo Neruda a Guayasamín, mientras voy caminando domingueramente entre la desidia del Ministerio de Cultura (que no es nueva, es más bien una mala costumbre) y el buen tino para traer arte de calidad del Museo de Bellas Artes. La verdad nunca deja de sorprenderme cómo se mezclan una cosa con la otra: mientras me dejo traspasar desde los ojos hasta el alma por la intensidad con la que pinta este ecuatoriano también tengo que ver las ventanas sucias de la sala dónde están expuestas sus obras más importantes. De lo divino a lo profano en una misma sala...
Entro a la sala con la calma del domingo y el pintor me mete violentamente en sus emociones, se ahorra las metáforas y, mientras deja ver su espera, su ternura, sus pasiones y sus miedos, me arranca la ropa dejandome tan expuesta como él. Me sacude sin pedirme permiso y me atrapa. Ansiosa, doy una primera mirada por la sala, descontrolada e invadida. Hasta que me doy cuenta de que estoy en sus manos y ahora me dispongo a disfrutarlo...
La Espera.
11 lienzos (¿11 tiempos?) que transmiten con crudeza la profundidad dolorosa de quien espera en. La angustia, la duda, la rabia, la tristeza, la resignación, el miedo.
La Ternura

Los Amantes

Salgo, caminando a ritmo de domingo, a tomar café mientras leo la prensa. Pienso que volveré antes que Guayasamín se vaya (la clausura es el 9 de julio) para recrear la sensación de la "primera vez". Tengo que llevarme un pedazo de esto a Cádiz, asi que entro en la tienda irremediablemente consumista y veo que no hay pasión que pueda con el presupuesto. Guayasamín no entra en esta quincena.

Arte dijo
Hice un estudio de Guayasamín, hace varios años cuando "vino a España" en una exposición temporal. Disfruté muchísimo.
Saludos
19 Junio 2006 | 09:56 PM