Yo no quisiera mirarla pero no tengo la culpa....*
Es muy alta. Viste un vestido de lino color mostaza, chaqueta a juego, un pelo rojo obligado por Wella y muchísimo maquillaje. Coincidimos en una reunión convocada por un sector académico que quiere pronunciarse sobre el texto de una de esas leyes que cada minuto aprueban en nuestra desbalanceada Asamblea Nacional y que nos afectará directamente de manera negativa, que impide el desarrollo de proyectos en curso, que violentará nuestros derechos a la libre asociación y a la participación... pero si alguien sabe de derechos violentados es esta abogada.
Levanta la mano para pedir la palabra mientras yo le veo los pies. Enormes, con unos zapatos beige de punta muy fina, sigo subiendo la mirada, paso por unos tobillos gruesos y veo la depilación perfecta. Empieza a hablar, su voz deja a veces escapar un tono que da cuenta del hombre que fue. Es una voz suave, que pronuncia cada letra y con mucha firmeza habla de cómo los gobiernos que pretenden tener visos totalitarios generan los mecanismos legales para asfixiar cualquier forma de organización ciudadana que no pueda estar bajo su control, no se cómo llega a la constitución francesa y su ley de 1901. Mi mirada se posa en sus senos que se mantienen en el lugar que muchas mujeres de la sala que rondan los 50 años, la edad de la dama que habla, quisieran tener. Le calculo 36-C, pues con el ancho de su espalda la prótesis tiene que ser grande, de tal manera de lograr la armonía que esas tetas le dan al cuerpo de la abogada que sigue hablando de un recurso de casación de un tribunal margariteño que le da responsabilidad a un períodico local por un texto escrito por un periodista que luego fue considerado difamatorio. Pensándolo bien no sólo le da equilibrio a su cuerpo, sino que sin duda equilibra su alma.
Mientras habla de la libertad de expresión sigo mirándola con el descaro que me permite que ella tenga el derecho de palabra (alguno tenía que tener!) veo que tiene los dientes perfectos, debe haber sido un hombre guapísimo y me lo imagino tal y como ella misma relataba en una entrevista que hace pocos meses le hizo un diario de altísima circulación nacional.
Me lo imagino peludo, metido en un cuerpo que no siente como propio.
Me lo imagino padre de los hijos que perdió junto al pene que le quitaron en una cirugía.
Me imagino el cuidado que tiene el cirujano de hacerle una entrepierna creíble.
Me imagino su lucha jurídica para ser legalmente mujer, en el pasaporte, en el aereopuerto, en los títulos universitarios, en la licencia para conducir y en la calle cuando presenta su cédula.
Me lo imagino sufrido. Adolorido por la burla y el desprecio de quienes no lograron comprender qué es eso de la transexualidad.
Y escucho una mente brillante, haciendo observaciones valiosas.
Y veo a una mujer que ha sido hombre.
Y siento a un grupo de personas que lo conocieron como el profesor y ahora lo llaman profesora. Y que l@ valoran por sus dotes intelectuales y no por sus dotes fálicas. Y me asombro de lo que no debería asombrarme, de lo que debería dar por natural que es que las personas respeten los derechos sexuales de los demás, que los aprecien por sus capacidades y que los aceptemos como uno más. Y la verdad es que quiero seguir mirandola pero ya terminó de hablar y no me queda más remedio que seguir imaginandola.
Y cuando descubro mi morbosa curiosidad me doy cuenta de lo lejos que estamos de verla con naturalidad, sin duda el avance lo dio ella, que camina con soltura y destila feminidad dentro de su vestido mostaza en una sala que la conoció con corbata.
Que valiente esta abogada.
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*que parezca una esmeralda
con flores de chupa chupa,
que yo le avise a mi amigo
muy difícil me resulta...
("Mercedes se está Bañanado", Copla llanera de Simón Díaz, músico venezolano)

Mariana dijo
¡Chapeau!
19 Julio 2006 | 11:23 PM