Viene con su sonrisa plástica y atenta, envuelta en su uniforme de verano, a preguntarme si no me importa volar en otro asiento, en la misma fila.
- Es que ellos han quedado separados y quieren viajar juntos.
La verdad es que sólo me preocupa que mi compañero de asiento, con quien compartiré 8 horas desde Santiago de Compostela, no sea un viejo gruñón, una señora rezando para que el avión no se caiga, un campeón de sumo o cualquier clase de compañero de vuelo indeseable.
Camino hacia el 33 F y me encuentro con un niño que viaja solo. De ojos atentos y cabello rubio, le ha dedicado su vestimenta al Real Madrid. Le calculo 11 ó 12 años y al sentarme me doy cuenta que ha viajado solo más veces que yo, no se le siente la sutil torpeza que yo mostré horas antes en mi primer viaje en tren, esa que se puede distinguir cuando estás tratando de ver cómo funciona el asiento.
Bernardo, que asi le dice a la azafata que se llama, corrigiendo las letras de su apellido para que ella no se equivoque al escribirlo, espera que el avión despegue mirando por la ventana, viendo desde el aire a Galicia, gozando de la privilegiada ventana. Intento mirar un poco, y al acercarme nos miramos y de inmediato, con los ojos, nos declaramos compañeros de viaje. Ambos venimos de días de vacaciones muy importantes y estamos dispuestos a contarnoslo todo.
Pero primero lo primero, me señala que por aquel lado estaban los incendios que azotaron Galicia y volvieron cenizas campos enteros, me cuenta cómo fueron provocados y me explica por qué... asumo de inmediato que no he visto televisión en un mes entero y él procede a explicarme la situación, la conversación va llegando luego al terreno de lo antopológico y de cómo los venezolanos nos sentimos en lugares en los cuales, hablando el mismo idioma, a veces no entendemos palabras, de las diferencias culturales entre Galicia y Andalucía, de cómo valoramos la calidez de nuestra tierra.
Rodeamos la linguistica, la jerga popular y valoramos profundamente la palabra "vale". Descartamos de nuestro lenguaje cagarse en la puta madre de nadie y nos prometemos como ciudadanos latinoamericanos jamás perder la costumbre de tratar a los desconocidos de Usted. En contraparte decidimos aprender a esperar el turno en la cola y yo propuse acostumbrarnos a una señal de tránsito (un triangulo blanco con borde rojo) que significa "ceda el paso" y le confieso que me sentí como una cucaracha al ser señalada como culpable por no ceder el paso cuando me tocaba, con mi licencia de conducir venezolana que me hace inmune a la pérdida de puntos.
A este punto ya teníamos la confianza suficinte para que me contara sobre sus jugadores favoritos, lamentarnos por el cabezazo de Zidanne, preguntarnos por qué Beckham está poco inspirado y me hizo saber que Marca era el pejor periódico del undo,
era obvio, es del Real Madrid. Supe su historia futbolística, cómo a las 8 años había ganado la copa y luego el club lo envió a jugar a Barcelona. Dormimos un rato antes de continuar nuestra amena conversación. Siendo todo un caballero al recibir la comida me deseo buen provecho y esperó que yo me quejara primero acerca de la pelota salada y grasienta que nos sirvieron de almuerzo y me aconsejó comer sólo pan con mantequilla, sin embargo
cuando probó la ensalada hizo un esfuerzo para no escupir.
Al teminar de recoger todo, llamó a la azafata: -Soy un niño que viaja solo, puede darme algo para distraerme? Fue genial ver su cara de "no estaba preparada para esto"
Mirando hacia el techo la chica desconcertada le ofreció una cocacola y él quedó un poco impresionado por su falta de atención, entonces pensó que podríamos conversar un poco más. Con mucha suavidad me preguntó por mi viaje, quería saber cómo era Cádiz, su acento, los lugares que había visitado y entonces le conté que no me había movido de un
radio de 50 Km al rededr de la costa, entre Vejer de la Frontera y Tarifa, de cómo descansé, del restaurante, de las diarias siestas en la playa, de las personas con las que compartí... Con sus ojitos vivos me mira y dice:
- Y para ti, cuál fue el momento más importante de tu viaje?
Sin dudarlo y super emocionada le conté sobre mis planes de boda, la fecha, el lugar y cómo lo hemos
venido contando a la familia y los amigos. Se alegró como se alegran los buenos amigos, y me preguntó, como los buenos amigos, qué dijeron nuestras familias, cómo siento de pensar que viviré en otro lugar y me felicitó con sinceridad.
Las 8 horas pasaron más rápido de lo previsto. Mirando por la ventana al ver las luces de nuestra costa die en voz alta lo que yo pensaba:
- Tengo tanto tiepo que no veo los barrios...mi país... Quiero comer plátano frito!
Al comenzar el decenso, este hijo y nieto de gallegos, con su sonrisa infantil, quiere iniciar un extraño rito venezolano que consiste el aplaudir cuando un vuelo internacional aterriza:
-A que comienzo el aplauso!
Luego de que todos los pasajeros aplaudieron, la azafata de la sonrisa plástica y atenta, le dice que debe esperar que ella lo busque, para que, una vez ha finalizado la salida de todos los pasajeros, ella pueda llevarlo a inmigración.
Él, seguro de si mismo, conoce el procedimiento. Nos
deseamos suerte y me despido feliz de haberme cambiado de asiento.