Este mundo está completamente lejano de la relación de pareja, de los proyectos que tengamos, de las decisiones que tenemos que tomar en conjunto, del amor, de la pasión, del compromiso y especialmente del novio.
El mundo de las novias se abre ante mi para dejar que aflore todo el narcisismo que quizás tenga oculto, he incluso me estimula el deber de ser ególatra para convertirme en la mujer más bella el 17 de febrero.
Da igual qué pase con mi vida después. El asunto es diferir arrugas, celulitis, estrías, acné, resequedad del cabello, y cualquier otro mal indeseable para después de la luna de miel.
El centro de todo esto es un vestido blanco, que aun no tengo, y que muy probablemente no pueda compar, pero eso es lo de menos. Dentro de mis responsabilidades está revisar la extensa bibliografía impresa y virtual que me pone a disposición una cantidad interminable de vestidos: desde el más cursi hasta el más atrevido, aunque finalmente acabe utilizando alguno prestado o, en su defecto, alquilado para la ocasión.
Una cantidad interminable de modelos lánguidas unas, santurronas otras, risueñas o bucólicas llenan las miles de páginas visitadas. Se las ve recostadas en un lecho de nubes, tela (mucha tela), flores y encajes mirando al infinito. Parece que ninguna piensa en el novio, ni en la fiesta, ni en la luna de miel. Menos en el apartamento, la cocina o la mudanza. La mayoría parece estar pensando en si mismas, como metidas en un mundo interior intocable y parece que un poco aburrido.
Un corolario que se desprende del tema vestido de novia es el tema kilos de la novia. La novia (que en este caso soy yo), cuenta actualmente con una especie de rueda de bicicleta (recién importada de España) alrededor de su bien conocida cinturita, que debe desaparecer en el término de 5 meses, junto a una incipiente celulitis que ha decidido instalarse en las posaderas de la susodicha, para lo cual, para sorpresa y risa de todos sus conocidos, amigos, familiares y especialmente el novio, está considerando seriamente inscribirse en un gimnasio, apoyada por sus compañeras de trabajo.
El siguiente tema que hace juego con el vestido son las cruciales decisiones a tomar sobre el maquillaje, peinado, zapatos y joyería a lucir el consabido día. Cada uno de estos ítems requieren una preparación especial para mi persona. Mi delicado pie talla 40 deberá estar envuelto en unos blanquísimos zapatos (no uso zapatos blancos desde la primera comunión) que debo aprender a manejar para no caerme, en vista de que nunca uso tacones altos. Hidratación facial, limpieza de cutis y una cantidad de tratamientos cutáneos parece que son indispensables, tomando en cuenta que mi vida diaria transcurre en ausencia de maquillaje tendré que buscar a algún experto que me haga la caridad de maquillarme sin cambiarme la cara, sólo para que el novio cuando me vea no pregunte alarmado: "quién es esta???" y piense que llegó a la boda equivocada.
Ahora hablo con otras novias. Hablo de telas, de medidas, de kilos y de maquillaje. Hablo con amigas que pronto serán novias, con amigas que recientemente lo han sido, y todas invariablemente se conectan de inmediato con el monotema...
Y dado que esto se hace una sola vez en la vida.... lo estoy disfrutando.
Queridos amigos, no teman: Lo bueno es que esto es temporal.