Yo tenía dos abuelas
Una blanca y otra negra
Una de rizo y otra de lacio
Una de oriente y otra de occidente
Una Nana y otra Rosa
Una de risa otra de rezo
Una de azul y otra de gris
Flores del mismo año, 1905
Una de cabellos rizados, largos, que siempre cuidaba para mantenerlos a raya, peleando con ellos con dos peinetas negras a juego con sus canas.
La otra de cabellos muy lisos, grises y cortos, Dóciles para peinar, incluso a primera hora de la mañana.
Una nariz de poporro coronaba el rostro moreno de mi Nana, sus dientes, bordeados por una fina línea de oro salían con frecuencia a ver el mundo por que era de risa fácil y humor negro, la herencia más preciada que guardo de ella.
La piel blanquísima de mi otra abuela era cruzada por finísimas rayas rojas que mostraban en un mapa la ruta que seguía la sangre de su cuerpo. Dormía y roncaba en su cama mientras sus dientes se reían de noche desde la mesita en la que diariamente prendía velas a todos los santos. Al repartir sus posesiones a escondidas, como le gustaba hacer las cosas en su vejez, me entregó una medalla que en el momento creí olímpica por el tamaño de la rueda de oro que tenía en la mano, pero que luego descubrí que era de bautizmo, con su nombre grabado en el reverso.
Fui la nieta mimada de las dos, la más pequeña después de una larga camada de nietos ya grandes para entonces. Las agarré cuando recien estrenaban su título de octogenarias.
Tenían la extraña costumbre de llamarse todos los días, a esa hora mañanera en las que las casa huelen al almuerzo que está en el fogón pero cuando aún la gente no ha llegado. La hora de las amas de casa, del jabón para lavar y las cebollas picadas.
No fui una niña de guarderías, mis tardes eran fantásticas, por que siempre estaba con alguna de las dos. Jugaba cartas, veía hacer suspiros y merengues a una, pelar mangos a la otra, leer el periódico en compañía, contarnos todo, y comer arepas con queso y sin mantequilla para la cena.
Hoy he recordado su olor. Crema de Almendras para la piel. Jean Naté para después del baño.

Supongo que será un cuento ¿no? Es tan bonito lo que cuentas...
Basta con que añadas que una de ellas veía fantasmas para que intentase encontrar el relato entre los escritos de García Marquez.
Si es tu historia, enhorabuena, que suerte tuviste, y te lo dice alguien que sabe de lo que habla porque tambien la tuvo.
Un abrzo.
Pues ambas abuelas existieron.... las dos de 1905.
Tengo la teoría de que existen dos tipos de personas. Las que se ciraron cerca de sus abuelas, y las que se criaron lejos.
Pues a mí me hubiera gustado estar un ratito, muy chiquito, en tu lugar. Así contado, es una maravilla :)
Fulana: es una vinculación muy especial la que se hace con una abuela... las escuché hablar mal del gobierno, aceptar con calma la intríseca soledad que trae consigo la vejez, las vi hacer comidas, les descubrí sus manías secretas (como mi Nana que comía cucharadas de azúcar a media noche o mi abuela Rosa que escondía cosas por toda la casa). Jugué cartas apostando y leí el periódico. Todo con menos de 10 años. Si hay algo que cre que voy a disfrutar en mi vida es ser abuela.
Yo tengo debilidad por la gente mayor, seguro que por mis abuelos. En algún momento escribiré también algo sobre ellos. Tuve la suerte de ser la mayor de los nietos con mucha diferencia, y poder disfrutar más tiempo de su existencia.
Efectivamente, marca. Por muchas razones.
Un beso enorme y enhorabuena por el post!
Siguiendo lo que dice Rosario, hay dos tipos de personas, los que crecemos cerca de nuestras abuelas y los que no. Para mi es el más afortunado de los clubes, sobre todo porque mi abuela materna, vive joven y muy dinámica, dispuesta a cumplir el rol de abuela para quien lo solicite, de hecho mi abuelo también lo hace. Son un gran orgullo para mi, y todo un lugar donde siempre puedes volver, que esta calientito, con olor a café, a pan caliente y a tierra mojada. Que bien escribirle a las abuelas. Un beso
Señorita Honeychurch y Carmenex: salud por vuestras respectivas abuelas. Y por todas las abuelas compañeras de sus nietos. Y por quienes las han disfrutado como adultas.
Rosario, qué descripción de tus dos abuelas tan cálida. Qué afortunada fuiste. Gracias por compartir esas vivencias con nosotros. Una de mis abuelitas se llamaba Rosa, la otra María. La primera me dijo un día en que yo de adolescente protestaba porque no tenía $$ para comprar algo que yo quería: "No te preocupes, cada día salen cosas mejores, el día que puedas comprarlas te tocarán las más bellas". Qué razón tenía. Un abrazo. Madeleine
Que buena frase la de tu abuela Rosa!
Yo tenia 9 años. Cuando me quedaba una temporada en casa de mi abuela, me despertaba a las 12 del mediodía, desayunábamos con sidra. No sé porqué abuela desayunaba con sidra y luego ibamos a visitar a todos los parientes y amigos olvidados y locos a los que la familia había ya descartado. Ahora veo a la distancia y me sonrío ante ese fotograma de la nieta y su abuela poniendose las mejores ropas y todos los perfumes para visitar y llevarle algo de ropa a... el linyera de la vía del tren.
Rosario, tenías que ser nieta de abuelas así. Y es verdad. Una vida condimentada por una abuela es insuperable. Me encantó este post.