Rosario de Perlas
Guardado en un sobre que ya está amarilloso conservo el primer poema que me dedicaron.
Era un profesor de más de 40 años y más de 40 dientes, que me llegaba a la altura de mis ausentes tetas, a quien le tenía mucho aprecio en medio de sus clases de historia universal.
Tras un prolongado reposo por motivos de salud, regresó al liceo. En un momento cruzamos miradas, nos reconocimos y de ese cálido y breve saludo apareció días más tarde un sobre en mi mano.
De su puño y letra, valdría más decir "de su puño y garabato" estaba Rosario de Perlas:
Volvía el rostro circundante, con agónica silueta
pasear por los pasillos del claustro de la sabiduría.
Encontrábanse allí simientes con retoños crecidos
y la alegría volvió a mi cuerpo para ceñirse a ellos.
Entre la multitud no faltó su presencia esbelta, aguerrida, armoniosa y sonriente.
Toda su humanidad se dibujó en mi mente y en todo su esplendor brilló más la amistad.
Su majestuosidad yo seguía admirando, por el cariño mutuo que nos ha hermanado.
He sido un libro abierto que muchos han usado, pero es que tu intelecto provecho le ha sacado
Yo quiero que la aurora despunte en el futuro brillando para ti como el sol veranero, y vierta sobre otros tus dotes de hermosura, para que esos capullos que hoy son la juventud, ábranse en rosas vivas como lo eres tu.
Es Rosario de Perlas ese nombre que llevas
y es algo semejate a un áureo yacimiento
donde han acrisolado cual joyas los ofebres.
Hay cosas que en ti bien se han fusionado: esa irreverencia ante el sacrosanto saber, tu constante grito libertario apasionado y la piedra constructora del provenir, tu deber.
23/10/91

Mariana dijo
He echado en falta el que nos cuentes tus sensaciones, tanto al recibir el poema como ahora al recordarlo.
Una que es curiosa.
Un abrazo.
PD. ¿Qué tal van los preparativos? Que nuestra fecha, mucho más tuya que mía, desde luego, se acerca.
31 Octubre 2006 | 01:21 PM