Punto de Encuentro
Punto de encuentro se llama el programa.
Veníamos de un Instituto, lleno de adolescentes y acné. Las acompañé antes de ir a la sede de la Cruz Roja a su actividad cotidiana de voluntariado, es un taller (ta-ller) sobre violencia, especialmente dedicado al tema de la violencia escolar. Y no puedo evitar observar, detalladamente cada movimiento de los faciltadores, cada contenido, cada actividad. Quiero evitarlo, quiero simplemente respirar y verme metida en un colegio y reirme con los quinceañeros que creen que la palabra "asertividad" tiene que ver con "desierto". Y aunque me río del desierto que tienen en su léxico, y me siento un ser privilegiado por haber podido entrar a una escuela, asi, como si tal cosa, no puedo evitarlo.
Las observo, las corrijo en mi interior, fantaseo con una reunión al finalizar en la que damos sugerencias, en la que organizamos el material, en la que nos reímos de nuestras metidas de pata y nos preocupamos por la próxima sesión. Me provoca simplemente saberme los nombnres de los chicos. Pero acabo de llegar, no las conozco ni conozco el terreno. Y sin embargo es tan parecido al que tantas veces he caminado en mi trabajo de toda la vida...
Caminamos, mientras una de ellas confiesa que le vota al PP justo antes de separarse del resto del grupo,y llegamos a la Cruz Roja.
La rubia de ojos azules que está del otro lado del escritorio me explica, medio desganada medio curiosa, los programas de voluntariado que ofrece la Cruz Roja Española. He llegado con una amiga y vengo conteniendome para no parecer demasiado ávida, demasiado experimentada, demasiado voraz. Entonces recurro al método más sencillo: la entrevisto y, aunque trato de ser cuidadosa creo que no me sale tan bien,le pregunto detalladamente por horarios, beneficiarios, y cosas por el estilo. Me hago la interesante "lo voy a pensar", y anoto en un micro papel. Anotar es un vicio, siempre termino metida en líos por anotar.
Y le digo sin que me entienda, por que se que no me entiende, como si yo hablara en esperanto y ella en chino lírico: "tengo muchas ganas de conectarme con lo que pasa aqui, sí,yo se que tienes otros programas más cerca de mi casa, pero yo quiero aqui, aprovecho y salgo un poco y me entero de que pasa, me sirve para ir ganando independencia y moverme en la ciudad con más soltura". Y ella me mira, y me dice con los ojos "esta vendrá un día y no viene más, 45 minutos en coche, en fin... que lo piense" y con la boca me suelta con cortesía sonriente "tu te lo piensas, y me llamas, tranquila.... como eres psicóloga puedes ser de mucha ayuda, aqui vienen mujeres, la mayoría sudamericanas que trabajan en el servicio doméstico y aqui se hacen talleres (talleres! Taaaaa-lle-res!), a ellas les gusta reunirse, les encanta traer comida de sus países..."
Ya lo pensé, ya lo organicé en mi cabeza, ya se que quiero ir los martes en la tarde, y que antes de entrar en este programa de voluntariado colaboraré en otro, en el que está mi amiga, y antes de llegar a la ciudad iré a Casa a comprar cojínes, y que tengo que estar pendiente de los radares que controlan la velocidad, y que tengo que saber dónde hay un estacionamiento cerca, y ya se que es mejor los martes por que asi puedo quedarme con el coche carro más tiempo (el coche! estoy diciendo coche!) y en fin, que ella no lo sabe pero comienzo en quince días, y se le ve que es buena chica, sólo que está cansada de que vengan curiosos a hacerle perder el tiempo,y le respondo:
"Yo te llamo, gracias..."



->beto dijo
....Venga que la Rosario ahora dice coche!.
jeje...
Me parece excelente que encuentres gente de la misma manada en aquella selva (o desierto mejor?).
Éxito buri!, ya veré por allí muchos cambios producto de tus anotaciones en papel...
besos,
->beto
27 Abril 2007 | 02:56