A mi me gusta la gasolina, dame más gasolina...
Yo le pagaba, y ella me machacaba con cariño y esmero, dos veces a la semana.
Ponía todo de sí para ayudarme a abrir mis ventanas interiores, pasé a la posición horizontal desde el principio,y desde esa perspectiva, mirando su techo de madera, hablaba con voz clara y sin groserías. Con el tiempo me permití unos "coño" y de vez en cuando alguna frase compuesta, a la altura de las circunstancias, como un "me da ladilla" bien puesto. Es que cuando hablo de cosas importantes me pongo muy formal.
Frente a mí tenía una biblioteca de psicanálisis enorme y polvorienta a juego con unos muebles de esos que se compran "para toda la vida". Veía un adornito de cerámica barata compuesto por unos gaticos con rayas de cebra que se asomaban alegres y ajenos a mi consulta. Por que yo iba a una consulta.
Nunca le consulté nada, pero siempre suena bien decir que iba a consulta, y entre los psicólogos, comentar que estás acostado en un diván te da cierto aire de importancia, como de estadio superior, cosa que confesaba entre mis más íntimos con un auténtico tono de paciente.
Justo al lado del diván tenía a la mano una cajita de kleenex, por si quería secar algún fluído corporal, estos juegos medio sados, medio masos, a veces duelen un poco. Sé que le sorprendía que nunca utilicé sus pañuelitos, y aunque nunca se lo dije, la cajita en la cual los tenía, me parecía bastante fea. Lo que pasa es que a mi eso de llorar acostada nunca se me ha dado muy bien por que luego no me puedo incorporar, llorar acostado es como más casero, más íntimo, se necesita un abrazo para llorar acostado y si estoy sola prefiero el llanto sentada, me resulta más facil jipear, suspirar, y soplarme la nariz.
Tenía métodos complementarios a la psicoterapia. Desarrollé por mi misma un método, adaptado a mi realidad personal, que venía ensayando tiempo atrás, pero se se fue perfeccionado en la medida en que las horas en el diván fueron surtiendo efecto. Con el paso de los meses fui capaz de adueñarme de ciertas estrategias que me ayudaban a mi psicodigestión, pero en mi caso esto era realmente efectivo mientras conducía manejaba. Lo bauticé manejo-terapia y compartí mi gran descubrimiento con Claudia, que para entonces necesitaba de mi recién inventadamedicina y no tenía carro, por lo cual yo le servía de chofer. Al lado de mi volante no tenía una caja con kleenex, pero como solía ir sola, en caso de necesitarlo,me secaba con camisa.
El tráfico era de gran ayuda. Una hora y media en el carro, para ir al trabajo y otra para venir me daban un total de al menos tres horas diarias sumergida en mi mundo interior. Suprimí hasta la radio de tal manera que llegaba a mi trabajo completamente desinformada de todas las novedades políticas, tan frecuentes en Venezuela y no escuchaba música para no perder el hilo de mis pensamientos (eso era muy fácil por que nunca tuve muchos discos). Con el tiempo aunque mis temas personales fueron cambiando, mi método se mantuvo bastante intacto, entre otras cosas por que las colas no me permitía pasar de segunda.
Con la manejoterapia superé grandes escollos. Me abrí de par en par, profundicé relaciones, me desprendí de otras, escribí muchos posts y tomé grandes decisiones. El costo: un euro (Bs. 3.500) por cada 400 kilómetros.
Pero mi gran invento no es exportable. Sólo puede ser utilizado en Venezuela, patria grande de la gasolina subsidiada. Reina de las colas y los atascos.
Ayer, mientras probaba en estas grandes autopistas españolas, tan señalizadas, tan controladas, tan mantenidas, mi método terapeútico, siendo yo misma sujeto de experimentación, me di cuenta que me había fundido al menos 20 euros, en un rato que me pareció corto. Además, tiendo a sentirme perseguida, desarrolandocierta paranoia por la frecuencia con la que anuncian controles de velocidad, lo cual me impide concentrarme en mis cosasteniendo que concentrarme en no parecer una delincuente potencial al volante.
La gasolina resulta costosa, plena de impuestos, y algo pecaminosa en este mundo tan ecologista. La gasolina, una de mis grandes adicciones, es un lujo de mal gusto, contaminante y liberada, pues su precio varía entre las estaciones de servicio, rigiendose por los principios básicos del capitalismo, que tan desprestigiado está por estos lados. La gasolina, oh! la gasolina! será en menos tiempo de lo que esperamos algo así como la TV en blanco y negro, que sirve pero no se usa, que sirve pero no se vende, y que quizás pueda ser un regalo para algún hermanito pobre en el África subsahariana.
Optaré por la paseoporlaplaya-terapia, gratuita y cargada de bonitas imágenes.



Claudia dijo
Te aconsejo con pasión la Biciclo terapia, que use muy bien en Marruecos a falta de mi manejadora oficial del carro de terapias, y también por falta de conocimiento del manejo en si, que afortunadamente aprendí a hacer también, allá en Rabat, y que ahora practico con mas frecuencia (a falta de Bicicleta)
4 Mayo 2007 | 12:13