El sonido seco de la puerta al cerrarse en un bum! que no deja duda de que mi marido ha llegado y está subiendo las escaleras, las patitas del Notas plis-plis que anuncian que la segunda puerta está por abrirse. La puerta abierta con suavidad, su saludo sonriente, las patitas del Notas plis plis hacia su manta.

La nariz en el cuello, la mano en el vientre, la respiración rítmica de un sueño que transcurre tranquilo al arrullo de las campanadas de la iglesia que anuncian que son las once de la mañana y que ya nadie nos dará desayuno por que nuestra rutina de "es la hora de levantarse" está por empezar.

El olor a limpialotodo de los martes

La visita a las plantas cada mañana, para comprobar cada flor nueva de la cayena (ibiscus) color salmón que se ha erigido como reina y señora de la terraza.

El olor de la ropa secada al sol, al poniente y al levante.

Y la luz... la luz de esta costa, la luz interminable, diáfana, completa que no termina. La luz que descansa unas pocas horas en una noche que es menos noche por que el mar le sirve de espejo.

Y mi asociación libre me lleva alzorro de El Principito.