Boquete
Se está dejando el bigote, un pequeño racimo de pelos que parece que le sale de la naríz y quizás le permitan pasar de incógnito entre sus acreedores y ex mujeres.
Boquete, el pirata, vende pescado.
Semanalmente, con su mejor intención viene con sus cajas rebozantes de hielo, llenitas de cadáveres azules, plateados y rosados.
Y empieza una negociacìón que tiene más de marroquí que de europea.
Deja las cajas, se pesan, hay que salir de la cocina y gritar: "Boquete, mafioso! No lo quiero! Llévatelo!" y él jura por sus hijos, se lleva la mano al pecho, está al borde de las lágrimas, y suelta un rosario doloroso salado por el mar. Baja el precio, nos lo regala, se toma un café suspirando mala vida, deudas, pesca y gasolina. Tose un poco, parece tener escamas en la garganta permanentemente y un sudor pegostoso que se le resbala de la frente a los dedos.
Boquete, el pirata, tuvo un imperio de pescado, en su vida pasada, obviamente. Por que todos, por estos lados, tenemos una vida pasada. He conocido ex-presidiarios devenidos en empresarios, ex-maridos abandonados, ex-maestros convertidos a la hostelería, ex-pescadores transformados en traficantes, ex -cocineros que barren calles y hasta uno que otro ex-traficante arrepentido.
Y como Boquete, todos dejan caer, entre alguna frase, aquello de lo que pocos saben.
Y aunque Boquete es escamoso: mitad pescado mitad persona, medio pirata, medio empresario, siempre le recibimos para que jure por sus hijos que las sardinas valen su peso en oro.



laluzenmi dijo
rosario, solo puedo leer la mitad del post. tu foto de cabecera pisa el texto, por lo menos en firefox.
2 Junio 2008 | 11:45