La música
se vuelve un apoyo nemotécnico de la propia vida...
Aprendes a usar E-mule con nueva alma de coleccionista vulgar que rescata sonidos obvios.
Sadel, El Puma, MedioEvo y Daikirí.
Y Caracas se convierte de repente en la cuna del Libertador, y vuelve a tener techos rojos. Le brotan las virtudes sociológicas e históricas, por que las virtudes urbanas no hay saudade que pueda dárselas.
En tonces me pego al ordenador, subo el volúmen todo lo que puedo (que es poco) y canto, desafino y la repito, y corto la canción. Y pongo otra. Y canto y recuerdo.
La música también se vuelve clave para comprender.
Me presenta a Alaska y Los Pegamoides. Y me hace reir con Ana Belén en "Las cortes del Faraon".
