Mercado Negro y una Boda
Hasta que nos vio llegar y se convirtió al cristianismo de ipso facto
- Gracias a Diosssssss, hombre creí que me dejarían tirado!
Era miércoles y nuestra boda era el sábado. Sanchi había volado Caracas-Madrid para estar solamente cuatro días que pasaría al borde, como se vive en Caracas, pues. En su nueva condición de creyente no paraba de hacer invocaciones divinas mientras transitabamos la carretera de emergencia II, que había sustituido a la carretera de emergencia I (la llamada Trocha) que esa tarde le había dado por derrumbarse, al igual que la autopista principal, que para aquellos días estaba en reparaciones. Como todo en Venezuela, estaba a punto de ser Re-Inaugurado, un tipo de evento muy común entre los presidentes venezolanos.
-Madre mía, y ¿ese hombre armado?
-Es de la Guardia Nacional, algo asi como para proteger nuestra seguridad.
-Ah
Llegamos a Caracas, la ciudad de los contrastes. En cuatro días vio su centro cundido de venta ambulante, su zona este con locales de moda, sufrió sus bancos, sus colas interminables, el tráfico ardiente y le vio la cara a la muerte en un cuarto oscuro:
Por aquellos días el que se convertiría en mi marido se paseaba con confianza por cuartuchos en las trastiendas de pasillos oscuros que rodean el Capitolio de la ciudad cambiando dinero en el mercado negro. Para entonces no habíamos llegado aun a los mecanismos sofisticados de transferencias, sino que acudíamos a lo que podría llamarse el métido artesanal: billete sobre billete.
La última operación la hizo con Sanchi. Sanchi, para entonces estaba convencio de que le esperaba algo semejante a la santidad. En aquel cuarto oscuro, contando millones en bolívares (y unos pocos cientos en euros) moriría en tierra extranjera, a manos de los buhoneros del mercado paralelo, lejos de su amada y por lo mas noble que puede morir un hombre: por amistad. En aquel cuartucho rezó, convertido y convencido mientras contaba. Y aun después de salir pensó que la luz que veía al salir era la que se ve al final del tunel.
-Que no, hombre que no estás muerto!, que esto es la Plaza Bolívar. Mira, aquella es la esquina caliente. hala! Camina, que vamos forrados de plata! Que lo único que hacen es cambiar dinero, que no son matones!
Horas mas tarde, después de ir a la agencia de viajes y al banco estaba en mi casa, amplia y tranquila, con vista al Avila y pajaritos trinando. Ya era viernes, la boda era mañana y no habíamos ensayado!
Sanchi, convertido, dijo, no se preocupen. Yo hago de cura.
Y hasta ensayó el vals!
Sanchi se casa mañana. Voy a su boda contenta por él y su mujer, y por mi marido, que tiene tan buenos amigos.




mariliendre dijo
Si la llegada es as'i, no quiero ni imaginar cómo será la boda. Mira que eres divina.
7 Junio 2008 | 09:24 AM